Por puro abuso del término, cada día hay más personas que son enviadas al ostracismo negacionista, de modo que más pronto que tarde, acabarán por conformar una mayoría.
Hoy, con Internet, que te llamen negacionista es como que te inscriban en el "INDEX" en la Alta Edad Media y entrados en el modernismo, cuando ya la imprenta de caracteres móviles permitía difundir libros impresos y la libertad de expresión alcanzó una nueva dimensión que no proveyeron las élites del momento y que espolearon el renacimiento de la democracia.
Hoy, las élites globalistas, lo tenían previsto y ya iban recortando derechos democráticos ante el miedo que le tienen al derecho a la información veraz.
Pero la democracia es como el Ave Fenix que resurge de sus cenizas.
"La buena noticia es, que por puro abuso del término, cada día hay más personas que son enviadas al ostracismo negacionista, de modo que más pronto que tarde, acabarán por conformar una mayoría. A fin de cuentas, si todo es negacionismo, nada lo es."
Gran artículo. Hoy el status de ciudadanía requiere ser negacionista, la asunción acrítica de las versiones y narrativas oficiales de cualquier acontecimiento, sobre todo los de carácter disruptivo, te reduce a mero servil hombre masa, desconectado, desarraigado de la realidad.
Tengo la sensación de que habíamos vivido unos años en los que el control nos ponía pensamiento prêt-a-porter. Ahora trata de convertirlo en uniformes, con el simple expediente de restringir el ámbito de raciocinio. Esto significa que ya existe esa mayoría excluida o negacionista, a la que, sin embargo, le falta todavía organizarse para resultar operativa.
Sánchez (me refiero a otro, al falso, a don Pedro) es un gran dispensador de sanbenitos de negacionista. Ser negacionista, fascista y habitante del otro lado del muro de la Moncloa, es decir, de la fachosfera, es, con arreglo al culto sanchista, estar condenado al silencio eterno y al escarnio por la panda de idiotas (incluye a idiotas y a idiotos) que rodean a ese patológico personaje.
Lo contrario a los negacionistas son los idólatras del emperador de Tetuán, los siseñores de su sanchidad, los correveidiles del fraudulento doctor.
Hoy, con Internet, que te llamen negacionista es como que te inscriban en el "INDEX" en la Alta Edad Media y entrados en el modernismo, cuando ya la imprenta de caracteres móviles permitía difundir libros impresos y la libertad de expresión alcanzó una nueva dimensión que no proveyeron las élites del momento y que espolearon el renacimiento de la democracia.
Hoy, las élites globalistas, lo tenían previsto y ya iban recortando derechos democráticos ante el miedo que le tienen al derecho a la información veraz.
Pero la democracia es como el Ave Fenix que resurge de sus cenizas.
"La buena noticia es, que por puro abuso del término, cada día hay más personas que son enviadas al ostracismo negacionista, de modo que más pronto que tarde, acabarán por conformar una mayoría. A fin de cuentas, si todo es negacionismo, nada lo es."
Esa espero! Gracias por este articulo.
Gran artículo. Hoy el status de ciudadanía requiere ser negacionista, la asunción acrítica de las versiones y narrativas oficiales de cualquier acontecimiento, sobre todo los de carácter disruptivo, te reduce a mero servil hombre masa, desconectado, desarraigado de la realidad.
Tengo la sensación de que habíamos vivido unos años en los que el control nos ponía pensamiento prêt-a-porter. Ahora trata de convertirlo en uniformes, con el simple expediente de restringir el ámbito de raciocinio. Esto significa que ya existe esa mayoría excluida o negacionista, a la que, sin embargo, le falta todavía organizarse para resultar operativa.
Sánchez (me refiero a otro, al falso, a don Pedro) es un gran dispensador de sanbenitos de negacionista. Ser negacionista, fascista y habitante del otro lado del muro de la Moncloa, es decir, de la fachosfera, es, con arreglo al culto sanchista, estar condenado al silencio eterno y al escarnio por la panda de idiotas (incluye a idiotas y a idiotos) que rodean a ese patológico personaje.
Lo contrario a los negacionistas son los idólatras del emperador de Tetuán, los siseñores de su sanchidad, los correveidiles del fraudulento doctor.
En ello estamos, tocayo.