Estos días, con motivo del cincuenta aniversario del fallecimiento de Franco, hemos visto a distintas gentes lamentarse de que los jóvenes desconocen quién fue el Dictador, de que por eso se han vuelto “franquistas” y añoran su Régimen, y bla, bla, bla. Pues bien, voy a ir más allá; los jóvenes españoles desconocen todo de la Constitución del 78, y la mayor parte de los escolares de secundaria no sabe que el 6 de diciembre tienen fiesta porque ese día es el día de la Constitución. Si ustedes hacen la prueba, la inmensa mayor parte de los chavales de 17 años contestarán con un espeso silencio si se les pregunta sobre el tema. Y si no saben sobre la Constitución del 78 mucho menos saben quién fue Adolfo Suárez. De todo esto ellos no tienen ninguna culpa. Pero ninguna. Los culpables son nuestro sistema educativo y los planes de estudio de Historia y de Ciencias Sociales. Y, sobre todo, los que perpetraron los mismos.
Desde hace treinta años tenemos esta situación, como bien sabemos los que estamos a pie de aula. Desde que entró en vigor la LOGSE. No juzgo ni opino sobre su posicionamiento pedagógico, simplemente me limito a señalar lo obvio. Y es que el estudio de la Historia y de las Ciencias Sociales vio como se recortaba su presencia en un 25 % en nuestro Sistema Educativo. De las 4 horas semanales que se dedicaba al estudio de las Ciencias Sociales en el antiguo BUP —incluso 5 horas en algunas ocasiones en 3º de BUP— se pasó con la LOGSE a dedicar 3 horas a la semana al estudio de la Historia, de la Geografía y de las Ciencias Sociales. Para que ustedes lo entiendan; de las 32 horas a la semana que dedica a las aulas un alumno o alumna de 3 de la ESO (el antiguo 1 de BUP) en la Comunidad Valenciana, sólo 3 horas las dedica al estudio de las Ciencias Sociales. Y esto es así, insisto, desde hace 30 años.
Además de la reducción horaria que trajo la LOGSE, los planes de estudio, para los que por supuesto no se consultó para nada a los profesores a pie de aula y que fueron determinados en los despachos por políticos y no se sabe quién, establecieron que en los tres primeros cursos de la ESO (de los 13 a los 15 años) se estudiaría Geografía e Historia desde la aparición del Hombre hasta el final de la Edad Moderna. Durante tres horas a la semana. Hasta 4º de la ESO (16 años) no se estudiaría Historia Contemporánea. Del Mundo y de España. Esto quiere decir que el alumnado que no llegase a estudiar 4º de la ESO, por repetir, abandonar sin título, etc, saldría del sistema educativo sin saber nada de este periodo histórico, tan fundamental para entender nuestro mundo. Y este alumnado que abandonaba sin llegar a 4º de la ESO osciló durante mucho tiempo en un porcentaje que iba del 25% al 30 %. Esto por una parte, pero es que el programa, y nos acercamos al quid de la cuestión, resulta que establece que en 4º de la ESO se debe estudiar toda la Historia Contemporánea del mundo, desde la Revolución Francesa hasta la actualidad, como de España, desde 1808 hasta ahora. Y esto, señores y señoras, es lisa y llanamente imposible. Pero imposible del todo. Sobre el papel no aguanta. Y en la realidad del aula mucho menos. Y no lo hace porque son solo 3 horas a la semana, 110 horas, como mucho, al año. Y porque no puede ser un mero catálogo de fechas y hechos. Se deben explicar procesos. Y al menos en mi caso, explicar causas y consecuencias, que es lo principal. Por lo tanto no se ve la Historia de España, y a duras penas se llega al inicio de la Guerra Fría. Esta es la realidad del aula. Algunos profesores voluntariosos damos un esbozo durante unas semanas (unas 9-12 horas en total al año, según el horario semanal del alumno) de Historia de España. A costa, claro, de llegar a duras penas a la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia de todo esto, el alumnado español sale de la Enseñanza Secundaria Obligatoria sin saber nada de Franco. Pero tampoco nada de Suárez ni de la Constitución del 78. Y ojo, también sale sin saber nada, pero nada, de Arte y de Historia del Arte. No saben nada de Velázquez, ni de Goya, ni de Picasso. No han visto, a no saber que algún profesor haya insistido, las Meninas.
En cuanto a segundo de Bachiller, el antiguo COU, existe la asignatura de Historia de España, con tres horas a la semana. Pero el programa es tan denso, ya que se deben estudiar las distintas Constituciones con detalle, los periodos y el gobierno, por ejemplo, del reinado de Isabel II, los gobiernos de Maura o Dato, etc., que se llega, y esta es la realidad, con dificultad al franquismo y no se ve apenas la Transición.
Y esta es la situación real de las aulas españolas. Desde hace treinta años. Una situación diseñada por el PSOE, mantenida con entusiasmo por el PP, y aplaudida por la bisagra de los nacionalistas. No deja de ser curioso además que los que más se rasgan las vestiduras ahora sean los autores de esta tropelía, que sabían perfectamente lo que hacían. ¿Sus lágrimas son de verdad? ¿O son de cocodrilo? Porque, al fin y al cabo, si la pretensión de todo esto era conseguir implantar la ignorancia entre los españoles, hacer un pueblo sumiso e ignorante, da la impresión de que lo han conseguido. Sin embargo, no deja de ser un sarcasmo que los protagonistas de la Transición diseñaran un sistema educativo que ha hecho posible que los jóvenes españoles no sepan hoy nada de qué fue la Transición. Y de quién fue Franco y qué fue el franquismo.
Y así es la realidad de triste. Y así la cuento.
Sobre el autor
Miguel Ángel Cerdán Pérez. Licenciado en Geografía e Historia y Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED. Catedrático de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en el IES Violant de Casalduch en Benicàssim. Ejerce como articulista en diversos medios como El Mundo Castellón al día, El Viejo Topo, El Diario.es Comunidad Valenciana o Diario 16





¿Y ahora qué podemos hacer? Con la literatura, que tiene buena parte de historia, también ha pasado lo mismo. La han destrozado. Hay mucha optativa que no sirve para nada.
Tengo 63 años y varios amigos profesores de Instituto de mi generación, alguno ya jubilado, en zona Madrid y Castilla-León, hace años que me comentaron exactamente lo mismo que usted. Los profes con vocación de serlo son además los que más sufren, los otros pasan de todo. Felicidades por exponerlo tan claro y conciso.