La victoria electoral de Zohran Mamdani en Nueva York ha supuesto un acontecimiento político totalmente inesperado que ha tenido un gran impacto a nivel internacional. Y no está de más subrayar que se trata de un alcalde. De una ciudad importante, no cabe duda. Pero el recorrido y relevancia de la noticia en las portadas de todos los medios da buena señal de que Mamdani no va a ser solamente el alcalde de Nueva York. Tiene toda la pinta de ser el próximo golpe de efecto, que se nos presenta como un compendio de elementos innovadores, un giro, una esperanza de aire fresco. Un hombre de 34 años, con origen africano, musulmán, y socialista. Desde luego que ha venido a dar un meneo al panorama político mundial.
Mamdani ha obtenido el 50.4% de los votos, frente al 41,6% del que fuera gobernador, Andrew Cuomo, que se presentaba como candidato independiente tras haber perdido las primarias en el partido demócrata. El republicano, Curtis Silwa se quedó muy por detrás de los dos, en un 7%. Dicen que para encontrar una participación electoral similar hay que remontarse hasta la década de los años sesenta del siglo pasado. Y apuntan a que ha sido especialmente la juventud multicultural, electores inmigrantes y comunidades progresistas.
El mensaje de campaña de Mamdani tocaba varios puntos de interés para la clase trabajadora neoyorkina. Autobuses públicos gratuitos, congelación de alquileres para más de un millón de viviendas, guarderías universales gratuitas, subida del sueldo de los trabajadores de estas guarderías, supermercados municipales para combatir la inflación alimentaria. Unas propuestas que Trump considera propias de un “lunático comunista al 100%”.
A nosotros eso del transporte público gratuito, las guarderías de acceso universal y públicas, no nos suena tan terrible. Es más, el discurso de Mamdani, si se mira desde Europa, tiene bastante de socialdemócrata, y nada que ver con el comunismo. Pero del simplismo argumentativo es de lo que se nutre el populismo, tanto allí como aquí.
Mamdani forma parte de los Socialistas Demócratas de América, (DSA), probablemente la organización de izquierda más relevante del panorama político estadounidense. Se fundó al fusionarse dos movimientos socialistas, y están dentro del Partido Demócrata. Para ubicarnos mejor: Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez han sido figuras destacadas de esta corriente.
Es un joven, con gran dominio de las redes, de origen inmigrante, hijo de profesor de Ciencias Políticas y directora de cine de reconocido prestigio. Ha sido activista en el ámbito de la vivienda, en defensa del sector del taxi, crítico con los millonarios y con el sistema. Es una historia que me recuerda a otras similares. De esas que cuentan con campañas de donaciones anónimas, apoyadas por entidades a su vez receptoras de grandes donaciones de la Open Society Foundation de George Soros. El Working Families Party, aliado clave de su campaña, recibió 23,7 millones de dólares desde 2016. Otras organizaciones como MPower Change, Emgage, Make The Road Action y CAIR (todas financiadas por Soros) desplegaron operaciones masivas de movilización de votantes, campañas puerta a puerta y estrategias digitales a favor de Mamdani. A estas alturas esto ya lo hemos vivido y ya sabemos lo que significa. Básicamente, que este tipo de perfiles se utilizan para aglutinar, para activar y movilizar en los momentos en que la polarización tiende a aburrir a grandes partes del electorado que no se siente identificado con lo que hay. Es cuando aparecen estos líderes jóvenes, sobradamente preparados, de intensos y provocadores discursos, henchidos de soluciones lógicas y necesarias. Nada del otro mundo, nada de comunista. Pero sí mucho de totalitarismo woke. De eso sí que van sobrados.
Mamdani, me temo, es la enésima repetición del político de diseño. Aparecen de la nada, llegan como salvadores, se desinflan, se difuminan, y terminan siendo devorados por su propio personaje que les ahoga en su incoherencia.
Porque muchas de las cosas que ha dicho Mamdani suenan bien, suenan francamente interesantes. Son propositivas, defienden la justicia social, apuestan por la modernidad y la paz. El problema es la sombra que generan estos discursos, estos perfiles, porque ya sabemos que son mentira y terminan haciendo todo lo contrario de lo que han predicado. Y acaban por convertirse en planteamientos totalitarios que se creen ungidos por la verdad, con mayúsculas, y todo lo que no suponga asumir sus discursos, te condenará al rincón. Hace tiempo que me cuido mucho de este tipo de encantadores de serpientes, pues esta cuerva ingenua ya lo va siendo cada día un poco menos. Y sé que no me gusta Trump, ni me fio un pelo de Mamdani. No me gustan los políticos. Los hechos me han llevado a mirarlos con desconfianza, recelo, y un cierto cabreo. Porque cada vez me parecen más inútiles y nocivos. No aportan y no se apartan. Y se supone que nos tenemos que contentar con que se vayan turnando. Y se supone que somos democráticos porque tenemos inútiles con siglas de distintos colores y cada vez más siglas, más colores, y más inútiles. Permítame, querido lector, que esté bastante empachada ya de este timo. Supongo que será porque pagar impuestos cada día se me atraganta más. Sobre todo cuando sin querer escucho supuestas conversaciones privadas de algún ministro y de algún empresario comisionista, y de algún enchufado con nula capacidad de oratoria ni de ética. Estoy hasta el gorro, como muchos. Y ya me huelo lo de Mamdani, porque es la enésima Colau. Quizás sea la versión mejorada y tarde menos en derretirse el maquillaje. Y ojalá consiga implementar alguna de las propuestas que presenta, y sobre todo, que no le suceda justo al contrario, como ha pasado por aquí a los revolucionarios de la izquierda, que han terminado por cargarse absolutamente todo lo que han tocado. El feminismo, el ecologismo…todos los ismos imaginables de corte progresista y altermundista han sufrido un chaparrón gracias a los mesías de la incoherencia y el infantilismo metódico como dictado moral.
Conviene saber que Mamdani no abrió la boca con el asunto de la guerra de Ucrania. Su falta de posición ante este asunto llama la atención.
Ha dado su palabra de que si Netanyahu pone un pie en Nueva York, será detenido. Pero también se ha comprometido a proteger a la población judía frente al antisemitismo. Más de mil rabinos firmaron una carta abierta alertando de lo que consideraban un peligro para la seguridad de la comunidad judía.
No le faltan los que le miran con recelo. Unos le consideran antisemita. Otros temen que pueda ser un traidor a su propia causa.
Cumple básicamente con todos los postulados woke. Con las posturas que aquí conocemos bien, y que sabemos el recorrido que a día de hoy han tenido. Mamdani viene con la agenda woke debajo del brazo. Está por ver ahora su capacidad de supervivencia y la proyección que de él se espera y pretende. No parece difícil saber dónde acabará todo esto.
Sobre la autora
Bea Talegón nació en Madrid el 5 de mayo de 1983. Es Licenciada en Derecho por la Universidad Pública de Alcalá de Henares, Madrid. Cursó estudios de Economía del Desarrollo en la Universidad de Pekín, China, por la London School of Economics. Es profesora de lenguaje musical y pianista. Ha trabajado como asesora en el Parlamento Europeo, fue Secretaria General de la IUSY, asesora en Asuntos Europeos del Gobierno de Castilla La Mancha. Actualmente es Directora de Opinión en Diario16plus. Más de una década como analista política y jurídica en medios de comunicación como televisión (Las Mañanas de Cuatro, FAQS, La Sexta Noche, Horizonte, entre otras) y prensa escrita (Diario16plus, El Plural, El Nacional, El Obrero, Las Repúblicas, The Objective, Público, Eldiario.es, entre otros). Ejerce como periodista ciudadana y tiene un canal propio: beatalegon.tv






lo importante es que la ciudad (la metrópoli? el barrio?) es el último recurso de democracia que nos queda. Es el mejor laboratorio (y el menos dañino) para ensayar una política distinta porque sus acciones repercuten antes y directamente en el electorado.
Me parece muy acertado el diagnóstico del artículo en cuanto a la política en general. No veo tan clara, en cambio, esa descalificación ad futurum sobre alguien que ni siquiera ha tomado posesión del cargo. Si se cumple el pronóstico -veo un porcentaje alto de probabilidad-, seguirán las organizaciones políticas progresistas en su camino de descrédito? Se fiarán para su suerte solo de la estupidez de las nuevas formas de asaltar el poder? Se conformarán con sus cómodos escaños de oposición, desde lo que pontificar algo cada quince días para justificar el acomodo? Cualquiera sabe, con esta gente. No sé si hay salida, y tampoco parece que la conozca Bea Talegón. Tal vez solo nos quede acostumbrarnos a un mundo gobernado por archimandritas intocables, que convierten su conveniencia en discurso complaciente e inoperante. Tal vez no nos quede más que esperar las migajas que el azar nos traiga. Por lo de ahora, veo lejos que consigamos organizarnos desde abajo; sumar una masa suficiente para cambiar estas prácticas envenenadas, y para romper de una vez ese esquema, en el que el ganador se lo lleva todo.