El famoso «Informe PISA» no revela el fracaso de la educación, sino de la política. La educación es, en este siglo XXI, la víctima del sistema y su verdugo es el sistema político. ¿Por qué? Pues porque la educación no es libre, ni abierta ni gratuita, aunque lo parezca. Y porque los profesores no enseñamos lo que sabemos, sino lo que nos mandan. Concretamente enseñamos lo que nos ordenan los políticos. Y quien se sorprenda o escandalice de leer esto que trate de impartir una clase contra los imperativos y programas de lo políticamente correcto y verá lo que es bueno. Aquí y en cualquier democracia.
La educación no es libre porque está totalmente controlada e intervenida por la política, sus instrumentos y sus ideologías. Hoy día a nadie sorprende que se exija libertad de mercado, pero si pidiéramos libertad de educación nadie comprendería realmente de qué hablamos.
Se supone que hay libertad de enseñanza, pero si cambian de zona, observarán que —según la geografía— no sólo cambia la educación, su contenido y su lengua, sino también la historia y sus formas de interpretarlo absolutamente todo (incluido el teorema de Pitágoras según las perspectivas del género o del cambio climático). Y todos esos «cambios» ¿están organizados por los profesores? No. Están gestionados y dictados por los políticos. Los profesores, simplemente, obedecemos. Es cierto que unos con más gusto que otros. Y punto. ¿Nos pagan por obedecer o por enseñar? Respóndanse ustedes mismos.
Responsabilizar a los profesores del fracaso que revelan los recurrentes informes de PISA es muy injusto, aunque no del todo, porque, al fin y al cabo, quien imparte una clase siempre es el docente y no el político. Y el profesor debe saber sortear la censura política de cualquier tiempo y lugar para salvaguardar en las clases que imparte el conocimiento científico que necesitan conocer los alumnos para abrirse camino en la vida.
Normalmente, los políticos no pisan el aula, salvo cuando hay que proceder al ritual anual de inaugurar un curso académico, hacerse las fotos de rutina y continuar su agenda con asuntos más importantes que la educación.
Hemos visto recientemente en todas las universidades del mundo actos de inauguración del nuevo curso académico. En ocasiones resulta difícil diferenciar este tipo de eventos de lo que puede ser una feria de muestras, un rastro popular o una celebración gastronómica. A veces, incluso, se parecen mucho a una fiesta narcisista de cumpleaños.
Hacer de los centros de enseñanza una ludoteca o un lugar para ser felices sólo genera ignorancia, insatisfacción e infelicidad. Nadie vive en libertad cuando su vida transcurre en un tercer mundo semántico. Miren los resultados de PISA. Reemplazar la ciencia por la ideología, la inteligencia por las emociones y el conocimiento por los prejuicios sólo genera ignorancia crónica y hereditaria.
Llevamos décadas en las que el sistema educativo somete a generaciones enteras de jóvenes a una constante y creciente pérdida de conocimiento, en los dos sentidos de esta dramática expresión: inconsciencia e ignorancia. Se les obliga a estudiar conocimientos inútiles y se les priva de los saberes realmente valiosos y críticos.
¿Realmente creen que se puede mejorar la educación sin leer el Quijote? Es imposible. ¿Vale la pena enseñar a alguien a leer para hacerle leer un Quijote falso, por ejemplo, un supuesto Quijote traducido a un presunto español actual, que en su conjunto, de principio a fin, es una adulteración de la verdadera novela que escribió Cervantes? Pues eso mismo es lo que ocurre con todo lo demás: se enseña a la gente a ser ignorante. ¿Beberían ustedes leche en polvo si pudiera beber leche natural de ternera gallega? ¿Renunciarían a un solomillo para consumir carne sintética o procesada? Pues entonces, ¿por qué se vacía de contenido la educación de jóvenes y adolescentes?
¿Díganme cómo se hace compatible esta paradoja? En las clases de filosofía se explica el mito de la caverna de Platón, y se dice a los chavales que los prisioneros ven un mundo falsificado por sus carceleros, de sombras y apariencias. Y en las clases de literatura se da a leer un Quijote fraudulento, porque se considera que esos mismos chavales son incapaces de leer el original cervantino, de modo que se les alimenta con sombras y simulacros. ¿Carceleros o profesores? ¿Es la escuela hoy una nueva caverna platónica? ¿Lo son también los institutos de enseñanza media y las universidades? La autocrítica es el mejor antídoto contra el narcisismo académico.
¿Educáis a la gente para ser feliz? Pues ahí tenéis el resultado: la dicha completa, es decir, el informe de PISA. Y no hablemos de los trastornos psicológicos infantojuveniles, en imparable desarrollo exponencial.
Las familias realmente preocupadas por la formación intelectual y la educación científica de sus hijos tienen un problema. No sólo no pueden contar con el Estado como apoyo, sino que lo tienen en su contra como principal adversario de la educación científica, que no ideológica, de sus hijos. Los centros privados no son diferentes, porque, al no haber libertad de enseñanza, están sujetos a las mismas leyes políticas. Obedecen como los demás. No idealicen la educación anglosajona y extranjera porque les advierto que de ahí vienen todos nuestros problemas.
Y hoy la ignorancia no es lo peor: lo peor es pasar años de vida en instituciones educativas que hacen enloquecer a los adolescentes. Urge crear una institución educativa libre ante el Estado y no esclava del mercado. La ciencia no se censura ni se vende. La mala educación no se comparte y la buena educación sólo se imparte en libertad. Hoy me pregunto si todo nuestro sistema educativo está envenenado y si consiste ante todo en la privación del conocimiento.
Sin embargo, la culpa no la tienen solamente los políticos. No, ni mucho menos. Los políticos no saben lo que es un aula. Algunos no recuerdan ni haber pisado una en su vida. Los políticos no dan clase, ni saben hacerlo: los profesores, sí. Sin embargo, cada día me resulta más difícil distinguir a un profesor de un político.
Realmente me pregunto qué saben hacer las universidades y centros de enseñanza con sus mejores alumnos y profesores. A veces sospecho que sólo saben celebrar bienvenidas y despedidas, tanto de graduación como de jubilación. No sé hasta qué punto las instituciones educativas son un lugar cada día más peligroso para las personas inteligentes.
Sobre el autor
Jesús G. Maestro es un profesor y catedrático de Universidad especializado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, que ha trabajado como teórico y crítico de la literatura y como editor y traductor. Es autor de tres obras de referencia: Crítica de la razón literaria (2017-2025, 25 vols.), Ensayo sobre el fracaso histórico de la democracia en el siglo XXI (2024) y Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI (2025). Recientemente ha publicado El fracaso de la felicidad (2026) y Fronteras invisibles. La nueva desigualdad en la era de la globalización (2026).








Hablar de "fracaso de la política" es la perspectiva de maestros, padres y alumnos, ya que para la clase política es un éxito. Es lo que pretendían: idiotizar a la sociedad, presente y sobre todo, futura. Gestar una masa de personas dependientes (del Estado) en lo cognitivo y en lo económico. Y lo están logrando.
En mi calidad de Profesora de Lengua y Literatura, convalido todo lo que has compartido en este estupendo trabajo de reflexión que acabo de leer. Es cierto: también yo viví la IMPOSICIÓN, por parte del Estado, de no insistir mucho en enseñar VERBOS o ANÁLISIS SINTÁCTICO porque, "pobrecitos los chicos, no hay que traumarlos con tanta teoría" A partir de fines del siglo XX la consigna fue no abrumarlos, consentir cualquier modalidad de BUENISMO, naturalizar lo ANTINATURAL y normalizar lo ANORMAL. Me propuse NO SEGUIR LOS LINEAMIENTOS de los sátrapas que, bajo el título inventado de "expertos", nos querían imponer. Ahora mismo, ya jubilada, exhorto a mis nuevos colegas que aprendan a ser TEMERARIOS y a DESOBEDECER a estos MERCADERES y MERCENARIOS CULTURALES volviendo a sugerir a sus alumnos que LEAN, que ESCUCHEN BUENA MÚSICA, que DIALOGUEN, que se atrevan a ESCRIBIR UN POEMA, que disfruten de ENCUENTROS PRESENCIALES SIN TELÉFONOS MÓVILES y que APRENDAN A ENTENDER LO QUE LEEN a través de propuestas en las que lo PRIORITARIO sea la COMPRENSIÓN y NO LA DISTRACCIÓN. Desde Mendoza, Argentina: gracias por compartir. Un gran saludo y NUEVA SUSCRIPTA a tu espacio.