Esto me recuerda a lo del vegetal de atún/vegetal de pollo. Tengo, además, la sensación de que las facultades de letras han perdido peso y se han quedado como una especie de fósil folclórico del sistema universitario, ya de por sí bastante tocado del ala y útil para poco más que para emitir informes a medida de intereses particulares y cosas parecidas. Personalmente creo todavía en la humanidad y en que el descontento pueda organizarse de una forma liberadora. Puestos a pensar en el futuro, no tengo muchos más objetivos de confianza que merezcan la pena.
Que las facultades de letras están viviendo un curso crepuscular es evidente. Que el descontento pueda llevar a los descontentos a actuar de alguna manera que consiga revertir la situación sería lo deseable. Puede suceder que esto último se dé en algún punto de esta necrosis ('in vita') o cuando ya hayan cerrado las facultades ('post mortem') y se origine, entonces, el nacimiento de algo nuevo. Puede darse cualquiera de estas posibilidades y otras de distinta factura, por supuesto. Lo de “creer en la humanidad” me parece un exceso que no se condice con la mesura de la última frase: “no tengo muchos más objetivos de confianza que merezcan la pena”. Creer en la humanidad no es un ejercicio de confianza mesurado sino desmesurado. Yo esto lo habría puesto más a ras de suelo, con algo parecido a: “…creo en los jóvenes que todavía no han ingresado en nuestras universidades y que ven que muchas de las facultades se han vuelto obsoletas, etc.”. ‘Humanidad’ es un concepto metafísico, aunque uno puede creer en cualquier cosa, también es verdad. Contra este concepto, la alusión a los individuos concretos, a las personas que han de operar los cambios, nos devuelve a la escala antropológica.
Yo no he dicho que se tratase de algo mesurado, Ramón. Ahora, creer, creo en la humanidad. Más desmesurado me parece creer en un Dios supeditado a la lógica humana y al servicio del poder, y mira tú hasta dónde hemos llegado. Afortunadamente, la imaginación no tiene límites.
Esto me recuerda a lo del vegetal de atún/vegetal de pollo. Tengo, además, la sensación de que las facultades de letras han perdido peso y se han quedado como una especie de fósil folclórico del sistema universitario, ya de por sí bastante tocado del ala y útil para poco más que para emitir informes a medida de intereses particulares y cosas parecidas. Personalmente creo todavía en la humanidad y en que el descontento pueda organizarse de una forma liberadora. Puestos a pensar en el futuro, no tengo muchos más objetivos de confianza que merezcan la pena.
Que las facultades de letras están viviendo un curso crepuscular es evidente. Que el descontento pueda llevar a los descontentos a actuar de alguna manera que consiga revertir la situación sería lo deseable. Puede suceder que esto último se dé en algún punto de esta necrosis ('in vita') o cuando ya hayan cerrado las facultades ('post mortem') y se origine, entonces, el nacimiento de algo nuevo. Puede darse cualquiera de estas posibilidades y otras de distinta factura, por supuesto. Lo de “creer en la humanidad” me parece un exceso que no se condice con la mesura de la última frase: “no tengo muchos más objetivos de confianza que merezcan la pena”. Creer en la humanidad no es un ejercicio de confianza mesurado sino desmesurado. Yo esto lo habría puesto más a ras de suelo, con algo parecido a: “…creo en los jóvenes que todavía no han ingresado en nuestras universidades y que ven que muchas de las facultades se han vuelto obsoletas, etc.”. ‘Humanidad’ es un concepto metafísico, aunque uno puede creer en cualquier cosa, también es verdad. Contra este concepto, la alusión a los individuos concretos, a las personas que han de operar los cambios, nos devuelve a la escala antropológica.
Yo no he dicho que se tratase de algo mesurado, Ramón. Ahora, creer, creo en la humanidad. Más desmesurado me parece creer en un Dios supeditado a la lógica humana y al servicio del poder, y mira tú hasta dónde hemos llegado. Afortunadamente, la imaginación no tiene límites.
Me había parecido que "no tengo muchos más objetivos de confianza" se refería a una mesura. No hay más.