Toda la fama de Amores perros, que celebra los 25 años, está basada en un México para turistas, una nación violenta, pasional, abigarrada y peligrosa que blanquea nuestra antigua estupidez sureña.
Empiezo a leer y me entran ganas de ver la película. Llego al final y, aunque me hace dudar, me mantengo en el deseo, para comprobar esta lectura tan potente, basada en una curiosa realidad, tan difícil de explorar. Me recuerda a Eduardo Mendoza, cuando, en su libro sobre Nueva York, dice algo así como que Nueva York se está neoyorquizando. Lo mismo que en España de repente empezaron a aparecer bares con un decorado que simula plazas de toros, allá aparecen restaurantes con el Empire State y cosas parecidas. Lo digo porque tengo la sensación de que, a través del cine, los medios de comunicación y nuestra propia transigencia quizá estemos construyendo ese modelo narcisista, solo para parecernos en algún momento a ese nosotros mismos que no sabemos dónde está.
¡VÉALA!, ni lo dude. Y "destrípela" a raudales después (o durante) con una botella del mejor mezcal que pueda encontrar. Junto a su perro, junto a su pareja o con los dos a la vez. O con su gato. Pero ¡VÉALA!. Y entenderá cuando tanto sobran ciertas palabras.
No la he visto, pero el análisis critico de la debacle de la meretriz izquierdita posmoderna y la subordinación cultural de la psique colectiva hispana, es, sencillamente, soberbio.
EXCESIVA lectura de las cosas, rebuscada, para una película sencillamente sensacional que no creo que esconda tanto trapo sucio subliminal. Una obra tan hermosamente penetrante y a la vez sencilla, poética y verdadera no puede ser destripada con tanto rigor castigador intelectual que intenta llegar al "verdadero tuetanillo" de los entretejidos mensajes falsarios que su lectura le encuentra más de veinte años después, en su "lúcida" pero sobrada nueva "revisión".
Si AMORES PERROS esconde tanta mentira e inocuidad existencial de trasfondo, ¿qué es verdad entonces: "QUÉ BELLO ES VIVIR" de CAPRA?. Igual nos estamos poniendo un poquito demasiado en guardia contra tanto nihilismo suelto por ahí. Cuantas veces el pensamiento de gala se pasa de la raya cuando está ante lo que está: una obra directa que no es hija de más nadie que del talento. Y si a IÑÁTIRRU no le preocupan cosas "más profundas" no creo que sea porque el malvado nihilismo haya ido a secuestrar su talento. Seguramente sea porque tuvo una buena historia en las manos y supo contarla sin pretender más nada que la potencia creativa de su capacidad para expresarla desde el arte cinematográfico.
Yo creo que a veces nos pasamos muchos pueblos queriendo buscar debajo de las alfombras de las cosas, cuando el cepillo con el que intentamos barrer es el de nuestro exceso de celo intelectual o el de enmarcar bien la sincronía de un bando dado contra esos nihilismos tan "pérfidos" del otro. Igual no todo es tan trascendente, qué le vamos a hacer y sí más sencillo. AMORES PERROS es una obra de arte sin más: yo no le daría ni media vuelta más a sus "embustes" y entre otras cosas por su magistral encaje de las tres historias, que no es una obsesión por intentar ver las posibilidades de ser DIOS desde un guion. Hay gente con talento a raudales que no aspira a tanto. Si son conscientes o no de QUIEN o QUÉ se lo concedió es asunto de ellos. Y que igual ni les importe es algo que les podemos perdonar cuando como en el caso que nos ocupa, se hace algo tan bien, en este caso, cine.
Empiezo a leer y me entran ganas de ver la película. Llego al final y, aunque me hace dudar, me mantengo en el deseo, para comprobar esta lectura tan potente, basada en una curiosa realidad, tan difícil de explorar. Me recuerda a Eduardo Mendoza, cuando, en su libro sobre Nueva York, dice algo así como que Nueva York se está neoyorquizando. Lo mismo que en España de repente empezaron a aparecer bares con un decorado que simula plazas de toros, allá aparecen restaurantes con el Empire State y cosas parecidas. Lo digo porque tengo la sensación de que, a través del cine, los medios de comunicación y nuestra propia transigencia quizá estemos construyendo ese modelo narcisista, solo para parecernos en algún momento a ese nosotros mismos que no sabemos dónde está.
¡VÉALA!, ni lo dude. Y "destrípela" a raudales después (o durante) con una botella del mejor mezcal que pueda encontrar. Junto a su perro, junto a su pareja o con los dos a la vez. O con su gato. Pero ¡VÉALA!. Y entenderá cuando tanto sobran ciertas palabras.
Vale, vale! Sin empujar! La veré, aunque, con su permiso, lo del mezcal lo voy a obviar.
No la he visto, pero el análisis critico de la debacle de la meretriz izquierdita posmoderna y la subordinación cultural de la psique colectiva hispana, es, sencillamente, soberbio.
Gracias
😇
🙏
EXCESIVA lectura de las cosas, rebuscada, para una película sencillamente sensacional que no creo que esconda tanto trapo sucio subliminal. Una obra tan hermosamente penetrante y a la vez sencilla, poética y verdadera no puede ser destripada con tanto rigor castigador intelectual que intenta llegar al "verdadero tuetanillo" de los entretejidos mensajes falsarios que su lectura le encuentra más de veinte años después, en su "lúcida" pero sobrada nueva "revisión".
Si AMORES PERROS esconde tanta mentira e inocuidad existencial de trasfondo, ¿qué es verdad entonces: "QUÉ BELLO ES VIVIR" de CAPRA?. Igual nos estamos poniendo un poquito demasiado en guardia contra tanto nihilismo suelto por ahí. Cuantas veces el pensamiento de gala se pasa de la raya cuando está ante lo que está: una obra directa que no es hija de más nadie que del talento. Y si a IÑÁTIRRU no le preocupan cosas "más profundas" no creo que sea porque el malvado nihilismo haya ido a secuestrar su talento. Seguramente sea porque tuvo una buena historia en las manos y supo contarla sin pretender más nada que la potencia creativa de su capacidad para expresarla desde el arte cinematográfico.
Yo creo que a veces nos pasamos muchos pueblos queriendo buscar debajo de las alfombras de las cosas, cuando el cepillo con el que intentamos barrer es el de nuestro exceso de celo intelectual o el de enmarcar bien la sincronía de un bando dado contra esos nihilismos tan "pérfidos" del otro. Igual no todo es tan trascendente, qué le vamos a hacer y sí más sencillo. AMORES PERROS es una obra de arte sin más: yo no le daría ni media vuelta más a sus "embustes" y entre otras cosas por su magistral encaje de las tres historias, que no es una obsesión por intentar ver las posibilidades de ser DIOS desde un guion. Hay gente con talento a raudales que no aspira a tanto. Si son conscientes o no de QUIEN o QUÉ se lo concedió es asunto de ellos. Y que igual ni les importe es algo que les podemos perdonar cuando como en el caso que nos ocupa, se hace algo tan bien, en este caso, cine.