La situación que describes aquí trasciende de largo el ámbito universitario, pero si se lograse revertir en el mundo académico, seguramente evitaría el contagio a toda la sociedad.
Las Facultades de Letras son una mezcla de chiquipark y pudridero. A mí me importa un carajo su “reversión”, al contrario, el hundimiento de los “campus de Monipodio” recupera y dignifica -aunque tarde y de manera insuficiente- las razones y acciones que algunos adujimos y llevamos a cabo contra su manifiesta devastación. Aquello es un timo catedralicio, un estercolero buscado y blindado. Y nadie puede decir que no lo vio venir. Todo apunta a que los miserables que las han hundido se saldrán de rositas (¡cómo corren y suspiran, los acomodados dinamiteros, por hacerse con el comodín de la jubilación!), lo cual acentúa la cutrez a la que ha llegado la “docta casa”. Saltan las ratas y se quejan, las muy cínicas. Las ratas son todos los dinamiteros, pero, también, todos los que han callado.
La situación que describes aquí trasciende de largo el ámbito universitario, pero si se lograse revertir en el mundo académico, seguramente evitaría el contagio a toda la sociedad.
Las Facultades de Letras son una mezcla de chiquipark y pudridero. A mí me importa un carajo su “reversión”, al contrario, el hundimiento de los “campus de Monipodio” recupera y dignifica -aunque tarde y de manera insuficiente- las razones y acciones que algunos adujimos y llevamos a cabo contra su manifiesta devastación. Aquello es un timo catedralicio, un estercolero buscado y blindado. Y nadie puede decir que no lo vio venir. Todo apunta a que los miserables que las han hundido se saldrán de rositas (¡cómo corren y suspiran, los acomodados dinamiteros, por hacerse con el comodín de la jubilación!), lo cual acentúa la cutrez a la que ha llegado la “docta casa”. Saltan las ratas y se quejan, las muy cínicas. Las ratas son todos los dinamiteros, pero, también, todos los que han callado.