Del último informe PISA se desprendía que la propia OCDE consideraba que una diferencia de 20 puntos en los resultados obtenidos por los alumnos examinados implicaba una diferencia de un curso escolar. En otros informes la diferencia para considerar un curso escolar era de 30 puntos. En cualquier caso, lo cierto es que en el último informe PISA, realizado a estudiantes de 15 años, España obtuvo una puntuación en lectura acorde a la media de la OCDE y situada en 473 puntos. Sin embargo, y nos guste más o menos, países como Colombia o Perú presentaban unos resultados de 409 y 408 puntos respectivamente. El mejor país de los evaluados en Sudamérica fue Chile con 448 puntos. Por su parte, Marruecos no llega ni a los 375 puntos. Esto implica, según la propia OCDE, o el Observatorio para la Escuela en Iberoamérica, que estos países tienen a los quince años un retraso académico de 3 o más cursos con respecto al alumnado que ha sido escolarizado toda su vida en España.
También pertenece a la realidad que si en los últimos cinco años España ha acogido a dos millones y pico de inmigrantes, de esos inmigrantes al menos 250.000 han sido escolarizados en nuestro sistema educativo, para alcanzar un total de 1.075.000. Repito: solo en cinco años. Muchos de esos inmigrantes son de origen hispanoamericano y magrebí.
Bien, y esto, ¿qué quiere decir? Pues quiere decir que mucho del alumnado que ha llegado a nuestro país tiene un retraso superior a dos cursos escolares y no se ha hecho nada por responder a esta situación. Nada que no sea palabrería barata y estúpida. Se ha condenado a este alumnado a la marginación, y a sus compañeros y compañeras a tener que lidiar con un descenso generalizado de los estándares, algo que se verá con nitidez en el próximo informe PISA. Esta es la verdad de las cosas. Hace años existían las llamadas Aulas de Acogida para este alumnado que llegaba. Servían para intentar paliar, no sólo las dificultades con el idioma (en caso de que fuese distinto) sino también de nivel. Ahora no existen. Existe la palabra mágica; la inclusión. Pero ¿inclusión en qué? ¿Tan difícil de entender es que si un enfermo llega grave a un hospital no se le manda a planta, se le manda a la UCI hasta que se recupere? ¿Por qué lo que dicta el sentido común está ausente en nuestro sistema educativo? El resultado es que se niega la realidad. Y los resultados serán los que serán. Y lo más triste es que lo pagarán los más débiles.
En otro orden de cosas, aunque en relación con lo dicho anteriormente, tenemos que hablar del daño enorme que han provocado las modas educativas, salidas de determinados sitios que deberían fiscalizarse. La moda más nociva es el llamado “aprendizaje por proyectos”, algo que se ha traducido en que los propios alumnos de aquí, educados en esa moda, lleguen a los IES con gravísimos problemas de lecto-escritura y sin saber multiplicar ni dividir. Es así de grave. Y esta vez ese daño lo han provocado esas modas diseñadas desde los salones y las moquetas. El daño es tan atroz que prácticamente es irrecuperable. Y lleva a que los docentes de secundaria, en lugar de enseñar historia o valenciano, tengan que dedicar su tiempo a que los alumnados que han padecido este sistema entiendan textos de tres líneas y puedan redactar tres o cuatro frases seguidas. No exagero. Es la pura realidad.
Podría hacer más sangre. Podría hablar de la estafa que es el Máster de Secundaria diseñado por personas que odian enseñar en un aula, de unas oposiciones que ya no miden a quién sabe más de una materia, sino a aquel que vende más y mejor humo. Podría hablar de que sólo si se domina muy, muy bien una materia se puede explicar bien y hacer que los alumnos aprendan. Nada serviría. Cuando salga el próximo informe PISA y el resultado nos acerque al subdesarrollo se inventarán todas las excusas posibles y culpabilizarán a todo el mundo. Porque se prefiere el desastre a la verdad. Hay mucha gente que vive de él. Los que, por cierto, nunca han pisado un aula.
Sobre el autor
Miguel Ángel Cerdán Pérez. Licenciado en Geografía e Historia y Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED. Catedrático de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en el IES Violant de Casalduch en Benicàssim. Ejerce como articulista en diversos medios como El Mundo Castellón al día, El Viejo Topo, El Diario.es Comunidad Valenciana o Diario 16





Con relación a tu afirmación "El falso discurso de la inclusión oculta que no se hace nada para responder a esta situación", permíteme, y ni se hará.
llamar “inclusión” a mirar para otro lado no arregla nada. Si no se reconoce el nivel real y no se refuerza, el problema no desaparece, se multiplica… y lo acaban pagando los de siempre.