No han pasado ni seis meses desde la toma de posesión de Donald Trump, y poco a poco, las esperanzas creadas en torno a su figura se van disolviendo cual azucarillo. El Presidente de los EEUU articuló su campaña electoral en torno a una serie de ideas fuerza de las que, lamentablemente, sólo queda en pie la única que no dependía de él: la cartera de Salud de Robert F. Kennedy. Trump prometía pacificar el planeta, evitando lo que en Estados Unidos ya se conoce comúnmente como “la guerra eterna”. El líder de MAGA irrumpió con fuerza en la legislatura, anunciando una paz inminente en Ucrania, prometiendo pacificar Oriente Próximo, reducir el gasto público y revelar toda suerte de secretos de estado, como la lista Epstein o los archivos del asesinato de JFK.
La paz en Ucrania parecía ir rodada allá por enero, cuando poco antes de la toma de posesión de Trump, Rusia se retiraba de Siria, abandonando a su suerte al Presidente Al Assad, y favoreciendo el violento golpe de estado de los rebanapescuezos “moderados” del Frente Al Nusra, filial siria de Al Qaeda, Hoy, a los rebanapescuezos de Al Jolani los han enfundado en trajes caros, han recortado sus barbas al estilo hipster, y tras sesión de chapa y pintura, los han hecho pasar por demócratas de toda la vida. Lejos quedan aquellos años del polvo del desierto, de los turbantes y los kalashnikov y de los muertos de la sala Bataclán. Pelillos a la mar. Los rebanapescuezos pasean con toda pompa y boato por los Campos Elíseos mientras sus amigos sionistas bombardean territorios sirios a placer, tomando aquello que les viene en gana con la aquiescencia explícita de Al Jolani, como muestra de buena vecindad.
La retirada en Siria parecía augurar una nueva era de paz y concordia entre EEUU y Rusia, y si bien las relaciones entre Putin y Trump parecen gozar de buena salud, de la esperada paz en Ucrania, de momento rien de rien. Contrariamente a lo prometido, hemos visto desfilar a las ya clásicas misiones apostólicas de los muy demócratas halcones del complejo militar industrial yankee por Kiev en la antesala de la llamada Operación Tela de Araña, desplegada por el autócrata Zelensky para inflarle las narices (en el mejor de los casos) a su vecino ruso. Por allí vimos pasear a Mike Pompeo, Director de la CIA y Secretario de Estado durante la primera legislatura de Trump, bien acompañado por varios halcones pata negra como Lindsay Graham o Richard Blumenthal, enardeciendo el espíritu bélico ucro y, de paso, dando salida al stock de misiles y demás productos del complejo militar industrial. Quizás en eso consistía la pax trumpiana. Sea como fuere, la respuesta rusa ha sido de una violencia inusitada, bombardeando a diestro y siniestro Kiev y Odesa, aunque sin avanzar significativamente en el frente. La nueva frontera natural a lo largo del Dnieper parece haberse estabilizado, a la espera del destino que pueda deparar esta guerra absurda a Odesa, territorio tradicionalmente rusófono.
Es evidente que el complejo militar industrial yankee es un monstruo inabarcable, un estado dentro del estado que manifiesta una voracidad insaciable, una bestia demencial y mastodóntica que precisa ser alimentada con cantidades ingentes de millones, pese al hartazgo de una porción creciente de los contribuyentes estadounidenses. Cada vez son más los ciudadanos que elevan su voz contra la discutible labor de los EEUU como gendarme de la paz mundial, una paz por otro lado inexistente. Sin embargo, Trump, incumpliendo flagrantemente sus promesas de control del gasto público, ha comprometido un desvío de fondos públicos sin precedentes hacia el monstruo militar en la ley de nombre cursi conocida como “Big Beautiful Bill” (Ley Grande y Hermosa). La ley de marras presenta recortes de gasto en todas las áreas de la Administración salvo en la militar. Además, la ley contempla elevar el techo de gasto, lo que ha supuesto el divorcio prematuro de Trump con su otrora lugarteniente, el multibillonario Elon Musk, quien amenaza con crear un tercer partido para las próximas elecciones de mitad de legislatura.
La base de apoyo de MAGA está prácticamente destruida, y por si fuese poco el oprobio, Estados Unidos hace el ridículo en Irán. Es evidente que Trump, el Campechano, no es capaz de meter en cintura a un desquiciado Netanyahu, que ha llevado su huida hacia adelante demasiado lejos, arrostrado sin ápice de estrategia contra un enemigo persa que se antoja demasiado poderoso para el poder real de Israel, cuya dependencia de EEUU raya en el patetismo. Las constantes amenazas de Bibi (melifluo diminutivo para semejante genocida) se han precipitado, con toda seguridad espoleadas por la negativa de la justicia israelí a seguir concediendo aplazamientos a la corrupción del primer ministro sionista. No deja de ser cómico que un estado que se niega a firmar el Pacto de No proliferación Nuclear y que mantiene un programa secreto de armas nucleares se crea con la autoridad moral de señalar a otros, que además son firmantes del Pacto y pasan inspecciones de manera frecuente. Vivir para ver.
Así las cosas, Donald Trump ha considerado que la mejor manera de acabar con la refriega, y postularse para el Nobel de la Paz, pasaba por lanzar misiles anti búnker contra las plantas nucleares subterráneas de Irán. Los iraníes han optado por tomarse el ataque con cierta deportividad, pactando con el hombrecillo naranja un ataque a las bases norteamericanas en Qatar. Si vis pacem, para bellum, o como diría un castizo, se están rifando unas hostias, y algunos están comprando todas las papeletas. Para concluir con esta oda a la confusión y el engaño, el Director del FBi, Kash Patel se descuelga con que no existe ninguna lista de clientes de Epstein, y que el interfecto se suicidó, como sostenía la versión oficial. Poco importa que la Fiscal General, Pam Bondy declarase allá por febrero que tenía la lista de clientes sobre su mesa, junto con cientos de vídeos de abusos a menores. Carpetazo al asunto y aquí paz y mañana gloria, o lo que vaya surgiendo. Como reza el dicho, “prometer hasta meter y una vez metido, nada de lo prometido”, lo que por otro lado no debería sorprender demasiado ya que forma parte del ADN de la inmaculada democracia occidental, esa con la que evangelizamos a bombazo limpio a todos esos pueblos bárbaros que no nos bailan el agua. Sinceramente, señor Trump, para este viaje no hacían falta alforjas.
Sobre el autor
Carlos Sánchez es músico, docente y analista político. Cursó su formación musical superior en la disciplina del jazz en Holanda, en los conservatorios de Groningen y Den Haag, completando su formación como productor e ingeniero de audio en la Middlesex University/SAE Institute de Londres. Formado también en el ámbito jurídico, obtuvo el Grado en Derecho en UNED (España). Durante casi una década ha combinado su actividad docente y musical con su faceta de comunicador, escribiendo artículos sobre su pasión, la geopolítica, de manera frecuente en Diario 16, y presentando Grupo de Control, un espacio semanal de entrevistas dedicado al periodismo de investigación.




Querido Carlos.
Es sabido que los políticos dicen muchas cosas cuando están en la oposición o en campaña, pero cuando llegan al poder la cosa cambia. Por lo demás y sin que ello signifique que esté a favor o en contra de Trump, el complejo militar estadounidense es muy pero que muy complejo. Deep State se le denomina., si no estoy equivocado
I'm a former Trump supporter.
There were so many things going wrong with the last administration that Trump seemed like a better choice between two evils.
However his war against Latinos concerd me greatly.
Nonetheless, the Cartels in my area
( Arizona, USA) were completely beyond the law.
This problem goes back to the 1960s when president Johnson waged candinstine was on South America.
So now, we have masked gunmen making arrests and the drugs are still going North.
Trump we are stuck with.
Its a joy to see him lose his fan base.
Even more interesting is how the democrats are not attacking Trump for being a pedophile.
I'll bet most of our leaders are.
Thanks for sharing your wise thoughts 🙏