Moneda, el término latino del que deriva el nuestro, viene de moneo, “recordar, pensar”, y en su origen era la traducción del griego Mnemosye, que significa “memoria”. Moneda se convierte así, en Roma, en el nombre del templo dedicado a la diosa memoria y donde se acuñaban las monedas. A este nexo etimológico entre memoria y moneda es donde se debería mirar actualmente, cuando se están reavivando las discusiones sobre la abolición de la moneda única europea y la recuperación en cada país de su moneda tradicional. Bajo la urgente cuestión “monetaria” subyace una no menos urgente cuestión de memoria, nada menos que el redescubrimiento de la memoria propia de cada uno de los países europeos que, al abdicar de la soberanía de su moneda, de algún modo y sin darse cuenta, han renunciado también a su propio patrimonio de recuerdos. Si la moneda es por encima de todo el lugar de la memoria, y si en la moneda, en cuanto que puede pagar todo y ocupar el lugar de todo, reside para cada individuo y para la comunidad el recuerdo del pasado y de los muertos, no sorprende entonces que en la ruptura de la relación entre pasado y presente que define nuestro tiempo surja con ineludible urgencia el problema monetario. Cuando un ilustre economista señala que el único modo que tiene Francia (como quizá todos los países europeos) de salir de su crisis es volver a conseguir la autoridad de su moneda, lo que está sugiriéndole al país es reencontrar el vínculo con su propia memoria. La crisis de la comunidad europea y de su moneda que tenemos hoy delante es una crisis de la memoria y la memoria -está bien no olvidarlo-, es para cada país un lugar eminentemente político. No existe política sin memoria, pero una memoria europea es tan inconsistente como su moneda única.
(Republicado desde quodlibet.it con permiso del autor. Traducción de Mar García Lozano)
Giorgio Agamben (Roma, 1942) es el único gran filósofo contemporáneo que ha sabido denunciar los elementos totalitarios de muchos fenómenos contemporáneos, incluida la gestión del covid. Entre sus obras recientes traducidas al español destacan ¿En qué punto estamos? La epidemia como política (2021) y Cuando la casa se quema (2022).





Relacionar el concepto liberal de soberanía al soporte sustancial de moneda, como manifestación material del dinero, (otro concepto oscuro del que tenemos una noción de lo que es pero no una definición formal y lógicamente rigurosa), es meterse en un fregado del que podemos salir a escobazos. Sería interesante la relación semántica moneda/memoria si se citara el trabajo de Narayana Kotcherlakota, que abordaba el concepto vácuo (desde la lógica formal) del dinero como una especie de memoria imperfecta de obligaciones sociales. Desde su función relacional, es imprescindible el trabajo de Marc Gauvin y su propuesta para formalizar una ciencia del dinero que dejaría sin fecundidad la mayoría de los postulados académicos y debates, desde las perspectivas idealistas y también realistas, que se plantean en la actualidad. Es curioso que estos dos autores, con varios trabajos publicados, aún no hayan sido revisados, ni criticados, por parte de los más avanzados economistas y filósofos, sean ortodoxos, heterodoxos o sanguinarios.
Desconocía ambas cosas. El origen de la palabra moneda, así como que se esté debatiendo sobre la vuelta a las monedas nacionales de los países que conforman la UE
Por lo demás, la relación que haces entre memoria y moneda es muy buena. La duda que tengo es si es meramente teórica