¿Se acuerdan ustedes de cuando los dirigentes de la España constitucional no se quitaban la palabra “modernización” de la boca, cuando Felipe González aseguraba que prefería morir en el metro de Nueva York que hacerlo de aburrimiento en Moscú, o cuando para justificar su barraganismo ideológico afirmaba que daba igual el color del gato si cazaba ratones? Pues, ¿en qué acabado la famosa “modernización” de España?
La “modelnidad” debe consistir en que en una estación de trenes de provincias no se vea a ningún empleado de RENFE trabajando, en que el único personal sean dos vigilantes de seguridad y dos empleados inmigrantes de esas cafeterías que te clavan a la mínima y por cualquier cosa. La “modelnidad” debe ser que tengas que sacarte el billete en maquinitas, que no haya revisores y que nadie guarde el orden en unos trenes de cercanías con toda clase de elementos dentro que hacen que esto sea cada día más parecido al metro de Nueva York de las películas. Debe consistir en que los médicos tengan que clamar porque tratan a muchas más personas con menos personal, que nuestras carreteras estén llenas de baches porque soportan mucho más tráfico sin que se haga el mantenimiento adecuado, que nuestros servicios públicos estén en las últimas porque tienen que atender a un 10-15 % más de personas que hace apenas siete años y lo tienen que hacer sin ningún refuerzo ni inversión. La “modelnidad” debe consistir en que los españoles hayamos aceptado ser permanentemente ninguneados y humillados, pero eso sí, con internet y mucho reciclaje.
El proceso de “modelnización” de España es que nadie pueda decir que en nuestro país ya no caben más personas, que no podamos abrir la boca, que si nos quejamos de que los sueldos son una mierda y que no podemos comprarnos (aunque seamos una pareja en la que los dos trabajamos) ni un coche, y que tenemos que alquilarlo (¿qué dirían nuestros padres de semejante tomadura de pelo?), se nos mande callar con el dedito. Toda la modernidad al parecer consiste en ser maltratados, en que el 80 % de los españoles llegue con mucha dificultad a fin de mes, en tener unos servicios públicos cada día más deteriorados. Y ojo; unas empresas privadas que te maltratan siguiendo un guión similar al aquí descrito, que no te cogen el teléfono, que te clavan cada día más por todo mientras la profesionalidad mínima se evapora por momentos en cada vez más sectores. Consiste en unos bancos que te maltratan, que no ponen ni cajeros, pero te ponen una app. Consiste en unos pijines malcriados que cuestionan las pensiones y no respetan a sus mayores, algo nunca visto en nuestro país. Consiste en una televisión lamentable, con unos programas que recuerdan a Sálvame y al Diario de Patricia, pero en política. Consiste en unas redes sociales que entontecen sin rubor.
La modernidad, al parecer, era esto. Y mucho cuidado con quejarte. Se te dirá que vives en el mejor de los mundos posibles y que lo que tú ves blanco, en realidad, es negro, que debes votar y callar. Pero ha llegado el momento de no callar, sino de hablar alto y claro. Mientras todavía sea posible.
Sobre el autor
Miguel Ángel Cerdán Pérez. Licenciado en Geografía e Historia y Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED. Catedrático de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en el IES Violant de Casalduch en Benicàssim. Ejerce como articulista en diversos medios como El Mundo Castellón al día, El Viejo Topo, El Diario.es Comunidad Valenciana o Diario 16.





Sin embargo, nunca ha recaudado tantos impuestos el Estado. La pregunta es si no son suficientes o se despilfarra