Occidente es, de principio a fin, una civilización gramatical, que ha hecho del análisis del lenguaje y de su construcción en una gramática la base de su conocimiento del mundo y de su dominio sobre la naturaleza. (…) Por eso, quizá mirando hacia China, es decir, hacia una cultura que no ha analizado ni construido su propia lengua en una gramática, sino que ve en ella monosílabos sin ninguna articulación gramatical, podrá nacer, si no un nuevo pensamiento, al menos una vía de salida de los oscuros destinos.
En un ensayo de 1942, Louis Renou podía afirmar que «en la base del pensamiento indio hay razonamientos de orden gramatical». Las tres categorías en las que, según la filosofía india, se articula toda la realidad —sustancia, cualidad, acción— derivan indiscutiblemente del análisis gramatical del lenguaje: nombre, adjetivo, verbo. La gramática de la lengua sánscrita de Panini y el comentario de Patañjali preceden, en efecto, a la mayor parte de los textos filosóficos indios.
Cabe preguntarse en qué medida esto vale también para la filosofía griega que está en la base de nuestra cultura. A esta hipótesis parece oponerse la tradición que atribuía a Platón y Aristóteles el descubrimiento de las partes del discurso y, en consecuencia, la invención de la gramática. La oposición se atenúa y desaparece en cuanto se entiende que lo que así se sugería era que, para poder ser filósofos, Platón y Aristóteles habían tenido antes que ser gramáticos.
Occidente es, de principio a fin, una civilización gramatical, que ha hecho del análisis del lenguaje y de su construcción en una gramática la base de su conocimiento del mundo y de su dominio sobre la naturaleza. La ciencia, que se ha convertido en la religión de Occidente, presupone, en efecto, como toda religión, un mundo nombrado, en el que la ontología —es decir, el hecho de que el ser se diga y se ordene en el lenguaje— se divide en regiones, cada una de las cuales es asumida por una ciencia particular. El destino de Occidente está, por tanto, inscrito en la gramática indoeuropea, con sus casos y las conexiones lógico-sintácticas de dependencia jerárquica en las que, junto con su lengua, articula su pensamiento.
Por eso, quizá mirando hacia China, es decir, hacia una cultura que no ha analizado ni construido su propia lengua en una gramática, sino que ve en ella monosílabos sin ninguna articulación gramatical, podrá nacer, si no un nuevo pensamiento, al menos una vía de salida de los oscuros destinos que, sin que nos diéramos cuenta, el análisis lógico del lenguaje —que no por casualidad se nos enseña en la escuela primaria— nos ha asignado fatalmente.
(Traducción del italiano de Ignacio Castro Rey y Jazmín Rincón)
Sobre el autor
Giorgio Agamben (Roma, 1942) es el único gran filósofo contemporáneo que ha sabido denunciar los elementos totalitarios de muchos fenómenos contemporáneos, incluida la gestión del covid. Entre sus obras recientes traducidas al español destacan ¿En qué punto estamos? La epidemia como política (2021) y Cuando la casa se quema (2022).




