La injerencia eterna
Hoy me van ustedes a perdonar, pero estoy ciertamente irritado. Mientras escribo estas líneas iniciales, se celebra el obituario de los hechos luctuosos del 7 de octubre de 2023. Precisamente el día de hoy ha sido el elegido por el Gobierno de España para anunciar el bloqueo de venta de armas a Israel. Convendrán ustedes conmigo que resulta todo ciertamente oportuno. El Crucero de la Solidaridad con Gaza, la llamada Sumud Flotilla, ha llegado a punto para atraer todas las miradas para sí. Supongo que resultaba evidente, incluso para sus tripulantes, que Israel no se iba a deshacer en carantoñas y lisonjas a su llegada, pero resulta de cierta justicia reconocerle al ente sionista una cierta mesura en el trato. El precedente de la llamada “Flotilla de la Libertad” de 2010 acabó con un balance de 9 activistas muertos. Así las cosas, creo que si escucho la palabra “Hamás” una vez más, voy a reventar de pura ira. Durante estos dos largos años en que el sionismo ha redoblado sus ya tradicionales esfuerzos genocidas en Palestina, desde Grupo de Control hicimos un esfuerzo fehaciente y constatable, absolutamente ímprobo por, al menos, limitar los efectos de la hasbará (propaganda sionista) en un terreno absolutamente fecundo para el pastoreo: la sociedad española, a la que se obliga a puntapiés a posicionarse sobre cuestiones sobre las que sabe entre nada y cero. Nadie nos escuchaba entonces. Tampoco hoy nos escuchan demasiado, en honor a la verdad. Los medios de intoxicación se llenan de falsos expertos en cuestiones palestinas, aparentando conocimiento de causa, mientras en el juego de la polarización, se esconde una unidad de propósito que pocos aciertan a ver. El anglosionismo vuelve a ganar.
Ya ocurrió con el llamado “conflicto de Ucrania”, una guerra largamente buscada por los halcones del Estado Profundo del imperio anglosionista, del que no somos más que el palmero de segunda fila, siempre haciendo méritos, aspirando patéticamente a estar más cerca del cantaor. En aquella ocasión, alentada por la persistencia de los medios de cretinización de masas, vimos aflorar banderitas azules y amarillas por doquier. Las muestras de falsa solidaridad con el pueblo ucraniano, sepultaban en el olvido los verdaderos padecimientos que se llevaban soportando en el Donbass ante la indolencia internacional. Con el pretexto de parar el pretendido afán imperialista de Putin, los europeos han acabado por pasar por el aro del plan de Trump de refinanciar la OTAN, un plan diseñado en las entrañas de la cloaca imperial con todo descaro para calmar el apetito implacable de los Raytheon, Lockheed, General Dynamics y demás parásitos armamentísticos del Imperio. Análogamente, el Plan de Paz para Gaza de Trump, tan denostado hace unos meses por su indecorosa puesta en escena, hoy resulta del agrado de todos, incluso de Hamás al parecer. De nuevo, consenso, por mucho que se empeñen en simular desacuerdo.
La fiesta de la falsa solidaridad española
En esta ocasión, la causa sionista tiene mucho que agradecer a sus embajadores españoles. Por nombrar a algunos de los perfiles más despiporrantes que han mostrado su solidaridad previo pago con la causa sionista: el eurodiputado de VOX, el infame Girauta; la versátil independentista Pilar Rahola, que está recibiendo en estos días el aplauso insólito de una legión de muy españoles y mucho españoles, patriotas de banderita en la muñeca, que han encontrado en la propaganda sionista una manera muy socorrida de seguir mostrando su desprecio por Sánchez, aunque ello implique trabajar a favor de los intereses de una potencia extranjera y genocida que, para más señas es aliada principal de Marruecos. Todo ello convenientemente regado con la generosidad de David Hachuel, patriarca supremo del sionismo español de la actualidad, a la sazón CEO de Excem, una empresa familiar heredada que pasó del ladrillo a ser el principal nexo en España con la inteligencia israelí. Les sonará a ustedes el célebre asunto del software espía Pegasus. Pues resulta que el tal Hachuel, que se hace llamar Hatchwell, para matizar, o quién sabe si esconder, sus orígenes sefardíes de Melilla y pasar desapercibido en la City de Londres, gestiona el famoso software espía Pegasus en España. Casi nada. Aunque esto de Excem y su brazo mediático ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), no pase de ser una versión cañi y de chichinabo del AIPAC estadounidense, tiene en nómina a medio Partido Popular, y prácticamente a todo VOX, sin mencionar a sus respectivas letrinas mediáticas afines.
Pongo por caso, sin ánimo de ser exhaustivo, al tugurio sionista llamado Libertad Digital, o lamentables plumillas subvencionados como el tal Javier Benegas, un virtuoso de la propaganda capaz de hablar del descabalgamiento de los Acuerdos de Oslo, culpando a Hamás sin siquiera mencionar el asesinato de Yitzhak Rabin a manos del colono Yigal Amir, o el asedio a la sede de la Autoridad Nacional Palestina y la muerte por presunto envenenamiento de Arafat. Desde Ayuso a Moreno Bonilla, los escorzos manieristas que hacen los mentorizados liberalios de Hachuel para evitar condenar la barbarie sionista se antojan cada vez más estrafalarios. Tiempos extraños éstos que vivimos. Mientras la tradicional posición pro sionista del progresismo español parece haberse evaporado, los pretendidos herederos naturales del llamado franquismo sociológico, mantienen una extravagante posición negacionista del genocidio en Gaza, contrariamente a lo que se podría haber supuesto al dictador, cuya animadversión al ente sionista era pública y notoria. No por casualidad, España fue el último estado europeo en reconocer al Estado de Israel. Sin embargo, todo tiene una explicación: como ya es habitual, siguiendo la pista del dinero es como se encuentra una explicación plausible a este aparente dislate en el que todos ganan. Todos, salvo el pueblo de Gaza, claro.
Por el otro lado, el líder del inane posmoprogresismo europeo, autoerigido en la némesis de Trump, Pedro Sánchez “El Embaucador”, muy a pesar de sus muecas de solidaridad forzada, practica con notable éxito de audiencia su papel de avanzadilla de la posición europea. Casi resulta creíble el tipo, eso hay que reconocérselo, aunque realmente no haga más que defender (como ya es costumbre en él) las posiciones del globalismo, más interesado en posicionarse en el Plan de Expolio de Gaza que en encontrar una solución real a un conflicto que, dicho sea de paso, es irresoluble. Mientras, prepara su eventual salto a alguno de los chiringuitos globalistas en el futuro cercano, y mejora sus perspectivas electorales. Buena jugada, Pedro. Además, defiende patrióticamente los objetivos de lucro de ciertas empresas españolas que afilan sus colmillos ante el festín palestino, como explicó brillantemente nuestra querida Beatriz Talegón, en este artículo tan preciso como necesario. Bien es cierto que a la gallardía del PSOE se le empiezan a ver las costuras: en esta noticia pueden leer cómo el Molt Honorable President Salvador Illa ya plantea acoger a un número indeterminado de palestinos, en una nueva muestra de falso buenismo socialdemócrata. Si todos los europeos hacemos un esfuerzo, quizás podamos acoger a los palestinos en Europa. Siempre vienen bien nuevos refugiados para limpiarle el culo a nuestros mayores y recoger la fresa. Repitan conmigo: no es una limpieza étnica de Gaza, es solidaridad. El Plan de Trump es necesario: “Hay que poner punto final a tanto sufrimiento”. Nada muy diferente de lo que ya hicieron cuando intentaron destripar Siria. ¿Recuerdan al pequeño Aylan?
Los muchachos del Sumud Crucero, con su habitual retórica evangelizadora siempre podrán contar a sus nietos que su hazaña consiguió parar el genocidio, aunque ello sea falso de toda falsedad. La flotilla viene a limpiar, con al menos año y medio de retraso, la mala conciencia post colonial europea, y de paso, ponerle el lacito solidario al Plan de Paz que nos llega del otro lado del charco. Donald Trump se postula al Nobel de la Paz por un enjuague más propio de Paco el Pocero que de un estadista serio, mientras los sayanim del AIPAC estadounidense le acarician el lomo con cierto alivio. Es evidente que el Nobel ya no es lo que era. Supongo que ahora se entiende mejor el súbito reconocimiento del Estado de Palestina en bloque por parte de Occidente. La pregunta se antoja obvia: ¿por qué no lo hicieron antes?
El Canal Ben Gurión: la guinda del pastel.
Quien siempre gana es Netanyahu, claramente versado en esto de las profecías, sobre todo las autoinfligidas. Vean si no este mesiánico discurso en las Naciones Unidas, el 24 de septiembre de 2023, escasos días antes de los luctuosos sucesos del 7 de octubre, presentando su canal de Ben Gurión como el símbolo inequívoco de la paz entre el mundo árabe y el pueblo judío, del que él se erige en líder. No faltaron las clásicas referencias a Moises, ni a los padecimientos de su pueblo, el suyo, el elegido, el que traerá la luz, la paz entre árabes y el pueblo de Israel. Y para ello, como Moisés, abrirá en canal las aguas, en concreto las del Canal Ben Gurión, piedra angular del plan del futuro expolio de Gaza. Pensaran los lectores que exagero. Permítanme compartir la reflexión final con la que coronó su homilía y juzguen ustedes mismos:
Hace miles de años, Moisés presentó a los hijos de Israel una elección eterna y universal: “He aquí, os pongo hoy delante de vosotros bendición y maldición”. Que podamos elegir sabiamente entre la maldición y las bendiciones que tenemos ante nosotros en este día. Aprovechemos nuestra determinación y nuestro coraje para detener la maldición de un Irán nuclear y hacer retroceder su fanatismo y agresión.
Hay que reconocer que en esto de fijar el mensaje, Netanyahu es un absoluto referente. En un mismo discurso logró situar al pueblo judío, esa entelequia de la que se apropia indisimuladamente, erigiéndose en su líder moral y místico, como una unidad de destino inquebrantable, mientras señala deliberadamente la marginación de Irán como una encarnación del Amalec bíblico, en una llamada al coraje de la comunidad internacional, pero sobre todo, del resto de países árabes. Un proyecto encomiable, sin duda, el de conectar culturas y beneficios industriales de las empresas del Imperio anglosionista y allegados a través de la obra faraónica del Canal, largo tiempo deseada por los prebostes del Imperio, desde que el Egipto de Nasser nacionalizase el Canal de Suez, y que Netanyahu parece estar dispuesto a llevar finalmente a cabo. El canal, planteado como clave de bóveda del Proyecto India-Middle East-Europe Economic Corridor (IMEC), ofrecería a los occidentales una ruta alternativa a la Nueva Ruta de la Seda de China (BRI) paliando así la dependencia del Estrecho de Ormuz, controlado por Irán, y que tantos dolores de cabeza trae consigo. Refrendado el 9 de septiembre de 2023 (cuántas cosas pasaron en ese mes) por Estados tan diversos como India o Arabia Saudi, el IMEC de momento seguía en un limbo especulativo, condicionado por un pequeño escollo: Gaza.
Con Gaza arrasada, algunos analistas de inteligencia en el mundo árabe, han señalado planes presuntos para, literalmente, tomar atajos en la obra del canal y reducir costos desviando el canal directamente por el centro del enclave palestino. Sin embargo, la presencia de palestinos allí seguiría siendo un obstáculo. La ocasión la pinta calva: el Plan de Paz de Trump, un protectorado de facto, contará con el liderazgo de Tony Blair y su meteórica fundación, ungido por el globalismo de poderes de virrey de Gaza en eso que llaman Gaza Reconstitution, Economic Acceleration and Transformation Trust (GREAT Trust), que pretende transformar Gaza en un centro turístico y tecnológico bajo un sistema de fideicomiso internacional liderado por Estados Unidos. Blair lideraría la meliflua Junta de Paz, una suerte de comité tecnocrático de transición, formado por 20 palestinos “independientes” del gusto de Londres y Washington. Ya saben que el bueno de Tony siempre sabe valorar un buen emprendimiento, ya consista en buscar armas de destrucción masiva inexistentes, como en simular un gobierno para Gaza.
En cualquier caso, el plan hipotético del Canal Ben Gurión, si bien es importante, no sería más que la guinda del saqueo de Gaza que el anglosionismo y su manada de caniches europeos pretenden perpetrar en los próximos meses. Al plan del canal, hay que sumarle el control de la plataforma gasística Gaza Marine, cuya explotación, bloqueada por Israel desde la toma del poder de la Franja por Hamás en 2007, había sido providencialmente aprobada por el gobierno de Netanyahu en junio de 2023, pocos meses antes del ataque del 7 de octubre. ¿Qué relación guardarán estos tejemanejes con el inquietante contrato de gas firmado entre Israel, Europa y Egipto y todos los eventos trágicos de octubre de 2023? ¿No resulta todo perversamente casual? Otra de las virtudes que debemos reconocerle a Bibi: el sentido de la oportunidad.
Hamás y Netanyahu, Netanyahu y Hamás: una unidad de destino.
Como decía, escasas dos semanas después de este histórico discurso en las Naciones Unidas, los combatientes de Hamás tomaron al asalto a cientos de rehenes de los kibutz aledaños la frontera con Gaza. A tenor de lo narrado hasta ahora, una mente malpensante, atrofiada por el paradójico “virus del antisemitismo”, podría estimar sospechosas ciertas coincidencias temporales, a saber: la presentación del Canal Ben Gurión, el desbloqueo de Gaza Marine, la firma del IMEC, etc. Todo ello ocurre pocas semanas antes de la incursión terrestre de Hamás del 7 de octubre y el desbordamiento de la frontera más vigilada del planeta. También será casual, sin duda alguna, que el ataque de Hamás pillase por sorpresa al mejor servicio de inteligencia del mundo, pese a que Egipto había avisado a la inteligencia israelí pocos días antes de los hechos. Fue tal la sorpresa, que las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) tardaron casi 5 horas en iniciar una respuesta, aturdidos por la eficacia de Hamás, a expensas de unas ordenes del jefe de la División de Gaza, el Brigadier General Avi Rosenfeld, que no llegaban. Ello obligó a los abnegados oficiales a aplicar la llamada Doctrina Aníbal, un hecho reconocido por el propio Ministro de Defensa Yoav Gallant, matando a un número indeterminado de sus propios ciudadanos israelíes bajo los proyectiles de los tanques y de los helicópteros Apache.
Una superviviente del kibutz Be’eri, Yasmin Porat, según un testimonio concedido al diario israelí Haaretz, decía lo siguiente: “El tanque empezó a disparar obuses (…) sentí que la casa iba a explotar”. El oficial que ordenó el ataque a ese mismo kibutz, Barak Hiram, concedía al citado diario israelí: “Ordené al tanque disparar porque no tenía otra forma de detener a los terroristas”, invocando implícitamente la Directiva Hannibal. La Directiva, por la cual las IDF estarían autorizadas a matar a sus propios soldados para evitar su captura, se aplicó sobre civiles, tanto en el Festival Nova, a escasos 5 kilómetros de la frontera, como en los kibutz de Be´eri, de Re´im, Nir Oz y Alumim. Los hechos jamás se han esclarecido, y siguen permaneciendo ocultos al gran público, apenas recordados en estos días en que se cumplen 2 años del ataque.
Pensarán ustedes, con buen criterio, que el ataque de Hamás llegó en un momento muy propicio para Netanyahu. Hay que recordar que, pese a su discurso triunfalista en la ONU, en los meses previos al ataque, el gobierno de Netanyahu enfrentaba una profunda inestabilidad. Tras cinco elecciones entre 2019 y 2022, Bibi consiguió formar una coalición frágil en diciembre de 2022 con los sionistas extremistas Itamar Ben G´vir y Bezalel Smotrich. Acosado por los casos de corrupción, Netanyahu se lanzó a la aprobación de una controvertida reforma judicial, iniciada en enero de 2023, que limitaba el poder de la Corte Suprema, controlando nombramientos y anulando su capacidad de revisar leyes, desatando protestas masivas. Estas protestas polarizaron a la sociedad erosionando dramáticamente su confianza en el liderazgo del Primer Ministro. Algunas encuestas mostraban un apoyo mínimo (28% entre israelíes judíos), con divisiones que debilitaron la capacidad disuasoria de Israel. Netanyahu, priorizaba su supervivencia política sobre cualquier otra consideración. Tras el 7-O, la sociedad israelí se radicalizó, orillando hasta su práctica desaparición cualquier posición intermedia de solución pacífica.
Como ven, su instinto no les fallaba: el ataque de Hamás resultó providencial para los intereses de Netanyahu. De hecho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Netanyahu ha contado con el apoyo indirecto de Hamás desde que se presentase por primera vez a las elecciones contra Simon Peres en 1996. Tras el asesinato de Yitzhak Rabin en 1995 y los Acuerdos de Oslo (1993), Netanyahu se opuso al proceso de paz. En los meses previos a las elecciones, Hamás, con objeto de sabotear Oslo, lanzó una campaña de atentados suicidas entre febrero y mayo de 1996. Estos ataques erosionaron el apoyo a Simon Peres, heredero de Rabin y candidato laborista pro-Oslo, que lideraba las encuestas. Netanyahu, con la ayuda inestimable del estratega Arthur Finkelstein, ganó finalmente por un margen pírrico (50.5% vs. 49.5%), posicionándose como “el hombre fuerte” contra el terrorismo.
Similar desarrollo tuvieron las elecciones de 2009: tras la victoria electoral de Hamás en las elecciones palestinas de 2006, el grupo terrorista tomó control total y efectivo de Gaza, y en 2007 inició una guerra civil con los panarabistas de Fatah. Sus cohetes y ataques continuos, durante la llamada Operación Plomo Fundido (2008-2009), mantuvieron en vilo a la población del sur de Israel, propiciando una nueva victoria electoral del Likud. Desde entonces, Israel mantiene un conveniente bloqueo a Gaza, que le permite, entre otras cuestiones, mantener el control sobre los yacimientos gasísticos de Gaza Marine. Ni que decir tiene que, en las elecciones de 2015, tras los bombardeos a Gaza de 2014, Netanyahu capitalizó de nuevo el miedo, advirtiendo que un gobierno de izquierda “dividiría” a Israel. Likud ganó 30 escaños, empatando con la Union Sionista, pero consiguió formar coalición. Su narrativa, aunque manida, de “sólo Bibi puede detener a Hamás” impulsó decisivamente la victoria.
Es, por tanto, muy lógico que el Primer Ministro de Israel haya sostenido una línea de financiación permanente para Hamás. En este contexto Netanyahu admitió en 2019 que estaban permitiendo el envío de fondos a Hamás, a razón de 30 millones de dólares al mes en maletines, con el objetivo declarado de evitar por todos los medios un Estado palestino unificado. Hasta 2023, la suma de dinero entregada a Hamás ascendía a 1.500 millones de dólares. Recuerden este dato cuando alguno de los agentes de intoxicación mediática vocifere relacionando a cualquier actor político con Hamás. Quizás sea exagerado afirmar que Hamás es en realidad Israel, aunque desde luego es un activo indubitado y declarado de las ambiciones anglosionistas. A quien desde luego no sirve es a los gazatíes. Netanyahu y Hamás forman una unidad de destino, unos vasos comunicantes en los que los éxitos de uno repercuten en mayor prerrogativas para el otro. Así ha sido, gracias a Hamás, que Netanyahu se ha bunkerizado en el gobierno de Israel, y así ha sido, gracias a Israel, que Hamás ha conseguido disciplinar a la población de Gaza bajo un régimen de terror. Mientras tanto, en Cisjordania, lejos de la influencia de Hamás y con la complicidad del silencio mediático occidental, Israel sigue ocupando sistemáticamente territorios de manera ilegal. Según un informe de la Comisión de Resistencia al Muro y los Asentamientos, desde el inicio del genocidio, Israel ejecutó más 38.000 violaciones en la Cisjordania ocupada. El ente sionista ha aprobado 355 planes de asentamiento para construir más de 37.000 nuevas viviendas ilegales en territorios palestinos ocupados, principalmente en Al Quds o Jerusalén oriental, 114 nuevos asentamientos ilegales amparados por el gobierno sionista, provocando el desplazamiento forzado de 2.853 habitantes.
Esta buena sintonía tácita entre Hamás y el gobierno ultrasionista de Netanyahu quizás sirva también para explicar la sorprendente concordancia del relato en relación a los gazatíes que han perdido la vida desde el inicio de la pesadilla. La cifra que en todos los medios se manejan ronda los 70.000 muertos, una cifra de la que nadie duda. Con esa cifra, tanto los detractores de la causa sionista como sus valedores, elaboran sus argumentos sobre el uso de la palabra “genocidio”. En un debate que mantuve con Fran Carrillo, ex diputado de la Asamblea de Madrid por Ciudadanos, el buen señor sostenía que lo de Gaza no podía considerarse un genocidio, ya que, según decía, nunca había habido más gazatíes censados. Por mucho que pueda sorprenderles, el argumento de Carrillo no era original: la sionista subvencionada Pilar Rahola hacía la misma consideración al respecto hace pocos días. Sin embargo, según un estudio realizado por los científicos australianos Gideon Polya y Richard Hill, basados en la metodología de un estudio publicado en The Lancet en julio de 2024, la cifra de muertos ascendería hasta los 680.000, aproximadamente 10 veces superior a la cifra que se maneja de manera general, con la complicidad de Hamás. Esta cifra, además, resulta de puro sentido común y se compadece mucho mejor con los niveles de destrucción observados: más del 90% de Gaza ha sido materialmente destruido. La Relatora Especial de la ONU para los Territorios Ocupados, Francesca Albanese, hizo suyos esos datos recientemente, y sin embargo, sorprendentemente, tan escalofriante cifra no ha calado en absoluto en la opinión pública, ni a izquierdas ni a derechas. De hecho, en la letrina mediática de Libertad Digital, no han dudado en acusar a Albanese de “inventarse” los datos, tal es su paupérrimo nivel moral e intelectual. Sorprende que Hamás, en su condición de fuerza resistente, no haya reivindicado esos datos como elemento probatorio del genocidio, lo que sugiere un esfuerzo coordinado de ambas partes en conflicto por mantener la narrativa ¿Por qué? Quizás Hamás no sea lo que los medios de intoxicación de masas quieren que creamos.
La Hermandad Musulmana como proxy histórico del anglosionismo
No vayan ustedes a pensar que esta estrategia de alimentar a Hamás para dinamitar la Autoridad Palestina surgida de los acuerdos de Oslo es una estrategia novedosa. Las relaciones entre el anglosionismo y el Islam radical siempre han gozado de buena salud, lo que se demuestra de manera sencilla en la buena sintonía que demuestran los emires o la familia real saudí con Occidente. Pese a su salafismo radical, ello nunca ha supuesto traba diplomática alguna con Occidente, al contrario. Quizás por ello no tengamos noticia de ningún atentado sangriento por parte de Al Qaeda o ISIS en territorio de Israel, y sus víctimas preferidas suelan ser otros musulmanes, generalmente en territorios controlados por fuerzas panarabistas y funcionalmente laicas. Sin embargo, de manera recurrente se suele asimilar cualquier oposición a la burricie anglosionista a supuestas filias con estos grupos terroristas. Con toda seguridad, habrán ustedes leído o escuchado en infinidad de ocasiones el manido argumento de que Israel es el dique de contención del islamismo radical. Nada más lejos de la realidad. Esta es quizás una de las mentiras más flagrantes de la hasbará y la propaganda occidental, que pese a su falsedad manifiesta, goza de gran predicamento entre tertulianos y opinadores de todo pelaje y condición. Bastaría esta imagen de Netanyahu visitando a combatientes de Frente Al Nusra atendidos en un hospital de campaña de las IDF para desmontar semejante falsedad, o esta otra del otrora rebanapescuezos de Al Nusra, filial siria de Al Qaeda, el infame Al Julani, siendo recibido con todos los honores por la plana mayor del globalismo en la sede de las Naciones Unidas hace un par de semanas, y sin embargo, no hay día que no tenga que escuchar semejante desprecio por la verdad material de los hechos.
Permítanme un repaso somero a la historia de la Hermandad Musulmana, de la que teóricamente derivarían todos estos movimientos terroristas, basándome en este interesante trabajo del historiador británico Mark Curtis, de título Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam (2010). La Hermandad emergió en un Egipto semicolonial, en las entrañas de la Compañía del Canal de Suez, donde la élite árabe educada en Occidente promovía una modernización laica. Estos planteamientos generaban resentimiento entre las clases medias y bajas, expuestas al Islam más radical. Al-Banna, un maestro de escuela en el Canal de Suez, vio en el Islam una alternativa unificadora. Inicialmente, la organización creció como un movimiento social: fundó escuelas, clínicas y cooperativas, atrayendo a cientos de miles de miembros para 1940. Su expansión se alineó con la resistencia anticolonial, pero también con la Guerra Fría incipiente, donde Occidente buscaba aliados contra el comunismo soviético.
Pese a su marcada retórica antiimperialista, la colaboración entre Gran Bretaña y la Hermandad se fue paulatinamente intensificando al calor de temor hacia su enemigo común: el nacionalismo panarabista, de raíz fundamentalmente laica y proclive a la libertad religiosa. A partir de los años 40 se utilizó al grupo desde Londres para desestabilizar movimientos nacionalistas. En 1941, tras la liberación de Al-Banna de prisión, funcionarios británicos ofrecieron a la Hermandad ayuda financiera a cambio de información de inteligencia sobre comunistas y wafdistas. Un informe de inteligencia de 1942 describe a la Hermandad como una “herramienta útil” contra rivales seculares. En mayo de ese año, el embajador británico se reunió con el primer ministro egipcio para acordar subsidios directos y la infiltración de agentes del MI6, lo que aseguraba el acceso a datos de relevancia en el ámbito de la inteligencia.
Esta alianza pragmática profundizó en los 1950 contra el auge del panarabismo, ideología que promovía la unidad árabe secular y socialista bajo líderes como Gamal Abdel Nasser en Egipto. Nasser, que inspirado en la doctrina socialista del Partido Baaz, veía en el islamismo una amenaza divisoria. En 1954, tras sufrir un intento de asesinato atribuido a un miembro de la Hermandad, miles de sus miembros fueron arrestados y el grupo disuelto temporalmente. Archivos desclasificados del MI6 muestran que Gran Bretaña y Estados Unidos negociaron secretamente con líderes como Hasan al-Hudaybi para presionar a Nasser y disuadirlo de su plan de nacionalización de Canal de Suez. En 1953, reuniones en El Cairo revelaron facciones probritánicas en la Hermandad que veían a Londres como “el único amigo potencial de Egipto”. Entre 1955 y 1956, una delegación británica se reunió con miembros de la Hermandad en Suiza y otros lugares, donde planearon derrocar a Nasser, incluyendo posibles asesinatos o gobiernos en exilio, con el apoyo tácito de Arabia Saudita y Jordania, tradicionales aliados occidentales
Occidente, particularmente EEUU, que recogió el testigo como potencia hegemónica y líder indiscutible del anglosionismo de manos del decadente Reino Unido, utilizó a la Hermandad como contrapeso al panarabismo para mantener in aeternum la fragmentación regional, y así proteger sus intereses petroleros y estratégicos, durante la llamada ”Guerra Fría Árabe”, entre las décadas de los 50 y los 70, enfrentando a las monarquías conservadoras y salafistas del Golfo, contra los regímenes panarabistas del norte. En Siria, la Hermandad se alió con los suníes contra el alauita Hafez al-Assad, padre del recientemente depuesto líder sirio Bashar al-Assad, prolongando hasta nuestros días un clima de inestabilidad perpetua que Occidente supo siempre explotar para debilitar la unidad árabe. Así las cosas, en 2010 vimos como Occidente conspiró, con el aplauso generalizado a izquierda y derecha de su adocenada opinión pública, para deponer a todos los gobiernos contrarios a sus intereses, todos ellos de corte panarabista y más respetuosos con la diversidad religiosa, facilitando la llegada al poder de los islamistas. Así fueron cayendo unos tras otro los gobiernos de Ben Alí en Túnez o de Mubarak en Egipto, al tiempo que se organizaban algaradas sorosianas en Madrid y Nueva York. Los más viejos del lugar conservarán en la retina la cruenta muerte de Muanmar El Gaddafi a manos de la OTAN, en apoyo a los llamados “rebeldes libios”, que no eran otra cosa que los señores de la guerra del ISIS, rebautizados para la ocasión. Aquella nueva masacre de la OTAN, vendida a la opinión pública como un apoyo al pueblo libio y sus ansias democráticas, acumuló más de 40.000 bombardeos, una cantidad considerable de ellos contra la población civil libia.
Más resistencia opuso el régimen de Al-Assad en Siria, que mantuvo su gobierno contra la llamada Operación Timber Sycamore, una guerra secreta de la CIA, en coordinación con la inteligencia británica, israelí y saudí, consistente en armar a los llamados “rebeldes sirios”, de nuevo un eufemismo para referirse al ISIS o el DAESH. La resistencia del gobierno sirio contó desde 2015 con el apoyo explícito del ejército de Rusia, lo que decantó de manera casi definitiva el curso de la guerra a su favor. Sin embargo, de manera reciente, la retirada del ejército ruso de Siria, facilitó la fulgurante toma del poder por parte de los rebanapescuezos del frente Al Nusra, Al Qaeda en Siria, liderados por Al Julani. Así fue como cayó el último gobierno panarabista de la región. Para sorpresa de nadie, nada más llegar los rebanapescuezos al poder, el ente sionista se dispuso a tomar para sí amplios territorios en Siria, más allá de los Altos del Golán. Como ven, Israel no es ni remotamente el dique de contención del islamismo terrorista: muy al contrario, es la gasolina que necesita para seguir matando por encargo.
Conclusión
Se suele decir que las medias verdades son las peores mentiras, pero yo no puedo más que discrepar con esa afirmación. En la narrativa de Oriente Próximo no hay verdad que se pueda colar entre los intersticios de la infamia permanente. Mientras en España se fomenta la polarización entre ignorantes de un lado y del otro, la verdad material de los hechos queda una vez más sepultada bajo los intereses cruzados. La vida de los palestinos, que no importan a nadie en realidad, seguirá discurriendo entre masacre y masacre hasta su completa desaparición o exilio total, ya sea por las buenas, mediante limpiezas étnicas cuquis auspiciadas por Occidente, o por las malas, más al estilo sionista. Mientras acabo de escribir estas líneas, el gobierno genocida de Israel negocia los términos de la mal llamada paz que darán comienzo al expolio y a la expulsión definitiva de los palestinos de esa franja de tierra. Pese al optimismo que ahora se vende cual objeto de consumo a diestra y siniestra, lo más probable es que, cuando cese el ruido de las bombas, una vez tomada Gaza y consumado el plan de expolio, el gobierno genocida de Israel siga fabricando nuevas excusas propiciatorias, nuevas némesis de circunstancias para poder ejecutar la última fase de su plan de control definitivo, ahora con la mirada puesta en Cisjordania y Siria. Mientras tanto, a los terroristas subvencionados de Hamás, puente de plata y amnistía, por los servicios prestados a la causa, se entiende. A la infantil sociedad occidental, cuyo cerebro podrido por décadas de propaganda es terreno fértil para mentiras interesadas cada vez peor elaboradas, se le ofrecerá un alivio moral a modo de final feliz de celuloide, y pelillos a la mar: ya podemos volver a centrarnos en las polémicas inanes de siempre durante un tiempo prudencial, hasta que se intente hincar el diente a los BRICS, esta vez a costa de Irán, cuando ello proceda. Siento amargarles la fiesta de la paz, mis queridos lectores, pero no conviene olvidar: hoy todos ganan, salvo los palestinos.
Sobre el autor
Carlos Sánchez es músico, docente y analista político. Cursó su formación musical superior en la disciplina del jazz en Holanda, en los conservatorios de Groningen y Den Haag, completando su formación como productor e ingeniero de audio en la Middlesex University/SAE Institute de Londres. Formado también en el ámbito jurídico, obtuvo el Grado en Derecho en UNED (España). Durante casi una década ha combinado su actividad docente y musical con su faceta de comunicador, escribiendo artículos sobre su pasión, la geopolítica, de manera frecuente en Diario 16, y presentando Grupo de Control, un espacio semanal de entrevistas dedicado al periodismo de investigación.




¿Hamas como tonto útil? Parece que han muerto bastantes integrantes suyos y en esta parte final se les da esa salida a los que queden (para que acepten esa paz que ya sabemos en qué va a derivar para los restos de Gaza y su desahuciada población). Sigo sin ver por qué lo hicieron en primer lugar, más allá de su rencor, fanatismo y miopía.
Lamentable también que la codicia del imperio y los grandes fondos lleve a tanta destrucción que, aparte de afectar a innumerables musulmanes, impacte todavía más a los cristianos y otras creyentes de la zona. Les da exactamente igual todo, como a los representantes que tenemos, claro.
Menuda ristra de verdades tapadas… Da para alimentar el síndrome de Casandra una buena temporada