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MRPS Sobre la demonización de los hombres y la demonización de cualquiera

He leído con interés el artículo de Thomas Harrington sobre la tendencia a presentar a los hombres como una amenaza potencial para la convivencia. Comparto una parte importante de su preocupación, aunque discrepo de algunas de sus conclusiones.

Creo que toda sociedad democrática debería ser extremadamente prudente cuando atribuye características morales a colectivos enteros definidos por rasgos de nacimiento. Juzgar a las personas por ser hombres, mujeres, inmigrantes, creyentes, ateos o miembros de cualquier otro grupo es incompatible con la idea de ciudadanía basada en la igualdad ante la ley.

Por eso me incomodan determinados mensajes institucionales que pueden interpretarse como una sospecha generalizada hacia todos los hombres. Combatir el acoso, las agresiones o cualquier forma de violencia es una obligación pública. Pero una cosa es perseguir conductas y otra muy distinta señalar identidades.

Ahora bien, donde me separo del autor es en la explicación del fenómeno. No me convencen las teorías que atribuyen estos procesos a una estrategia deliberada de unas supuestas élites todopoderosas. Con frecuencia observamos un problema real y terminamos explicándolo mediante relatos excesivamente simples que asignan una intención única a fenómenos complejos.

A mi juicio, la raíz del problema es más profunda y más humana. Las sociedades polarizadas tienden a dividir el mundo entre buenos y malos. Y cuando eso ocurre, dejamos de analizar comportamientos concretos para empezar a sospechar de categorías enteras de personas. Hoy puede ocurrir con los hombres. Ayer ocurrió con los inmigrantes, con los judíos, con los musulmanes, con los empresarios, con los trabajadores, con los conservadores o con los progresistas. El mecanismo siempre es parecido.

La cuestión de fondo no es si debemos proteger a las mujeres frente a la violencia. Por supuesto que debemos hacerlo. La cuestión es si podemos hacerlo sin convertir a millones de hombres en sospechosos potenciales. Creo que sí, y además debemos intentarlo.

La democracia exige algo más difícil que elegir bando: exige defender principios. Y uno de esos principios debería ser que nadie sea juzgado por lo que es, sino por lo que hace.

Porque la convivencia se deteriora cuando dejamos de ver personas y empezamos a ver categorías. Y la deshumanización del otro, venga de donde venga, nunca suele terminar bien.

Pregunta final:

Si rechazamos que se juzgue a una persona por su origen, su raza o su religión, ¿por qué deberíamos aceptar que se la juzgue por su sexo?

Avatar de JORGE ARROYO

Querido Thomas.

A título meramente enunciativo, permíteme

Hay una implícita, pero clara contradicción entre tu reflexión y tu defensa al mismo tiempo de traer vidas a este mundo.

La demonización de los hombres no deja de ser un dato más -los hay mucho más graves- de la locura del mundo y ello sin perjuicio de que esa demonización sea propia de nuestro presente. No creo necesario describir la multitud de hechos que demuestran que la vida no solo es muy compleja sino muy, pero que muy cruda. Y no es algo propio de nuestro tiempo sino que siempre ha sido así. No soy adivino, pero no veo ningún indicio de que eso vaya a cambiar en el futuro. Por tanto, la pregunta se antoja obvia: qué sentido tiene traer vidas a este valle de lágrimas

Por lo demás, de dónde sacas tu afirmación "de que cada nueva vida es un milagro que contiene la promesa, por tenue que a veces parezca, de que nuestra especie se vuelva un poco más creativa, un poco más humana y, sí, un poco más libre". Será más bien de tu optimismo, respetable en todo caso -ya sabes, un optimista es un pesimista mal informado- porque la realidad demuestra todo lo contrario: no veo a la especie más humana ni más libre, salvo que la comparemos con la época en que existía la esclavitud stricto sensu, porque esclavitud en sentido amplio estaremos de acuerdo en que sigue existiendo en diversas partes del mundo

Por cierto. Personalmente, no soy ni optimista ni pesimista, sino realista; eso si, hay que tener una actitud positiva hacia la vida, aunque sea por mera supervivencia

Saludos cordiales

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Por supuesto, sigue adelante.