Reproducimos la conferencia que Thomas Harrington, miembro fundador de Brownstone España, pronunció el pasado 20 de diciembre en la “Seconda Festa Della Scienza a Servizio Dell’Uomo” celebrada en Venezia. En su alocución, Harrington explica cómo y por qué se creo el Instituto Brownstone en EEUU a raíz de la totalitaria gestión de la crisis del Covid-19, cuáles son los proyectos que tiene en marcha y qué relación guarda con Brownstone España.
Buenos días a todos. Es un verdadero honor estar aquí, entre tantas personas que han trabajado tan duramente y con tanta dedicación para exponer la verdad de la Operación Covid y para reconstruir los cimientos de una cultura de dignidad humana en Italia.
Uno de los principales objetivos de la propaganda que nos bombardea a diario es presentar el Covid como un fenómeno estrictamente médico, tan peligroso y urgente que nosotros, ciudadanos de a pie, nos vemos obligados a obedecer sin reservas los edictos de una clase no electa de supuestos expertos médicos.
Y es triste admitir que la mayoría de los ciudadanos, y probablemente un porcentaje aún mayor de la llamada clase intelectual, se han rendido sin resistencia a esta enorme operación de chantaje emocional, moral e intelectual.
Y cuando, en los primeros meses de la crisis, algunos expertos médicos y otras figuras públicas, con su capacidad racional aún intacta, se atrevieron a oponerse a esta campaña organizada de disparates que iba en contra de muchos de los preceptos consensuados de inmunología y salud pública hasta febrero de 2020, fueron atacados por bandas cibercriminales, organizadas o directamente silenciados por los señores de Silicon Valley que, como pudimos verificar más tarde, estaban trabajando en concierto con el gobierno de Estados Unidos y, de ahí, con los servicios militares y de inteligencia de todos los países europeos para controlar férreamente nuestras ideas.
Fue en este contexto absurdo e intimidante que Jeffrey Tucker, un economista, y Lucio “Lou” Eastman, su colega en el think tank donde trabajaba por entonces —el Instituto Americano de Investigación Económica (AIER)— decidieron no solo alzar la voz, sino organizar un desafío de alto nivel a la creciente ola de totalitarismo médico.
A principios de octubre de 2020, invitaron a tres expertos de renombre internacional en el campo de la salud pública—Jay Bhattacharya, de Stanford; Martin Kulldorff, de Harvard; y Sunetra Gupta, de Oxford— a visitar el campus del AIER en la pequeña ciudad de Great Barrington, al oeste de Massachusetts. La idea inicial era invitar a periodistas a dialogar con estos expertos que cuestionaban la lógica de las políticas de contención del virus adoptadas hasta entonces por casi todos los gobiernos occidentales. Pero el ambiente de asfixia intelectual en aquel momento era tan generalizado que ningún periodista quiso participar. Así pues, haciendo de la necesidad virtud, la tarde del 4 de octubre, los tres académicos redactaron y firmaron lo que se conocería como la Declaración de Great Barrington.
No había nada, absolutamente nada, de radical en el documento. Era simplemente una reafirmación de los principios fundamentales de salud pública vigentes hasta la irrupción del virus en nuestros países a principios de ese año. Reconocía los enormes costes a largo plazo de los confinamientos, especialmente en la vida de los más económicamente vulnerables. También identificaba los distintos efectos negativos del virus en las distintos grupos de edad de la sociedad. Por lo tanto, el documento abogaba, por un lado, por una política de protección especial para los más vulnerables y, por otro, por una política de relativa libertad para los ciudadanos capaces de sobrevivir al virus sin problemas graves; una postura que, según creían, tendría el beneficio añadido de catalizar el desarrollo de la inmunidad de grupo en la población.
Esa misma noche del 4 de octubre, Lou Eastman creó un sitio web con el texto de la Declaración en varios idiomas y una sección donde los visitantes podían firmar para indicar su acuerdo con el enfoque del problema de la COVID-19 descrito en el documento. En el primer mes desde su publicación, más de 660.000 personas, incluido el ganador del Premio Nobel Michael Levitt y numerosos otros médicos, científicos e intelectuales famosos, afirmaron su adhesión a los principios articulados en el texto.
Huelga decir que los maestros de la narrativa de la COVID-19 no estaban nada contentos con el repentino y sorprendente éxito de esta Declaración de Principios, impulsada por Jeffrey Tucker, Lou Eastman y respetados académicos de Stanford, Harvard y Oxford.
Gracias a la publicación —en diciembre de 2021, al amparo de la Ley de Libertad de Información de EE. UU. (FOIA)— de correos electrónicos previamente clasificados, sabemos que tan solo cuatro días después de la publicación de la Declaración de Great Barrington, Anthony Fauci habló con Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), sobre la necesidad de lanzar “un ataque devastador” contra el documento escrito por quienes él llamó “los tres epidemiólogos marginales”, quienes se habían reunido unos días antes en Massachusetts.
Y así lo hicieron. En cuestión de días, se publicaron varios artículos hostiles en los principales medios de comunicación y revistas científicas. Pero quizás aún más importante, casi todas las principales plataformas de redes sociales cambiaron sus algoritmos para hacer menos visible el texto de la Declaración, o cualquier publicación que apoyara sus principios generales.
Lo que habría podido ser el comienzo de una gran rebelión contra las medidas antidemocráticas e inhumanas implementadas en nombre del virus fue frustrado por una coalición autoritaria de altos funcionarios gubernamentales y magnates de Silicon Valley.
En los meses siguientes, el sitio web de AIER, gestionado por Jeffrey Tucker en cuanto a los contenidos y Lou Eastman en cuanto a los aspectos técnicos, se convirtió en un importante vehículo para la publicación de ideas poco ortodoxas relacionadas con la COVID-19. Como resultado, experimentó un enorme aumento de tráfico diario, lo que otorgó a esta organización, con sus estrechos vínculos con el sector de la inversión financiera, una visibilidad sin precedentes.
Pero entonces, en abril de 2021, Tucker, el hombre que había elevado el perfil de AIER como ningún otro en su historia, repentinamente se encontró con que ya no figuraba entre los empleados de la organización.
En el verano de ese año, fundó el Instituto Brownstone. Y poco después, Lou Eastman dejó AIER para unirse al nuevo proyecto.
Lo que Jeffrey comprendió desde el inicio de la trayectoria de Brownstone fue que el COVID-19 no era solo una crisis médica, sino un ataque multifacético a los cimientos mismos de nuestra cultura y, por ende, a nuestras costumbres sociales, instituciones y tradiciones de gobierno. Por eso adoptó desde el principio un enfoque altamente interdisciplinario sobre el fenómeno, interactuando con una amplia gama de mentes pensantes. Naturalmente, entre sus interlocutores se encontraban reconocidos profesionales del campo de la medicina: personas como Jay Bhattacharya, Martin Kulldorff, Robert Malone y nuestra querida Meryl Nass, entre muchos otros. Pero también forjó relaciones con innumerables economistas, periodistas, artistas, activistas e incluso estudiosos de la historia de la cultura y las ideas, como yo.
Este énfasis en la pluralidad de perspectivas también se extendió al ámbito de las ideologías políticas. Comprendió que, cuando tu coche está aparcado en la cuneta, es absurdo perder el tiempo discutiendo sobre qué tipo de gasolina optimizaría más su rendimiento. Lo que importa en momentos como estos es tener gente que pueda explicar, por un lado, cómo la máquina llegó a este estado lamentable y, por otro, gente que pueda imaginar cómo ponerla otra vez en marcha.
Que yo sepa, la postura ideológica previa de una persona nunca ha sido un factor en la decisión de Brownstone de aceptar a alguien como colaborador en uno de nuestros numerosos proyectos. El único criterio fue, y sigue siendo, que sus ideas nos ayuden a comprender mejor lo que vivimos como pensadores y como ciudadanos en este momento de crisis.
En el centro de todas nuestras actividades reside la profunda conciencia de que hay momentos en la historia en los que, como dijo William Butler Yeats, «todo se desmorona y el centro no aguanta», eso es, que hay momentos en que ideas importantes, esenciales para cualquier renovación futura de la cultura y la sociedad, pueden morir bajo la presión de las manías destructivas del momento.
Para Tucker, el primer paso fue crear un espacio donde quienes discrepaban de la ortodoxia imperante pudieran expresar sus ideas en un ambiente de calma y respeto mutuo, libres de las presiones coercitivas que dominaron gran parte del panorama mediático en la segunda mitad de 2021. Este es el origen del sitio web ahora llamado Brownstone Journal, que, a las pocas semanas de su lanzamiento, se convirtió en un centro imprescindible de resistencia a las políticas de la COVID-19 en Occidente. Allí se ha publicado al menos un artículo, estudio o ensayo de alta calidad intelectual cada día durante más de cuatro años. La lista de sus colaboradores es un auténtico registro de los protagonistas de las operaciones de resistencia a la COVID-19 en todo el mundo.
El segundo gran proyecto de Brownstone fue la creación de un programa de becas para científicos, humanistas y periodistas de reconocida excelencia despedidos de sus empleos por su oposición a los discursos imperantes de la época. La idea del proyecto, como Jeffrey no se cansa de repetir, se remonta a la década de 1930, cuando países como Suiza, Canadá, México y Estados Unidos ofrecieron refugio institucional y una pequeña beca a intelectuales obligados a huir de países como Alemania, Austria, Italia y España durante aquellos años difíciles. Y en consonancia con el espíritu de generosidad desinteresada que generalmente sustentaba esos rescates intelectuales de la década de 1930, y también —hay que decirlo— con las convicciones anti-dirigistas de Tucker, Brownstone no asigna tareas a sus investigadores, sino que se confía en la dedicación e inteligencia individual de cada uno. Actualmente, doce personas disfrutan de este regalo extraordinario que ha incrementado significativamente la calidad de nuestra producción intelectual y el peso de nuestra presencia en los debates más importantes del momento.
En las últimas décadas del bloque soviético, Václav Benda, intelectual católico y colaborador del grupo disidente checoslovaco Carta 77, sugirió en un ensayo que se hizo famoso con el paso de los años (”La polis paralela”) que cuando un régimen político entra en un estado avanzado de decadencia, suele ser contraproducente intentar reformarlo desde dentro. Argumentaba que la energía habitualmente dedicada a tales diálogos reformistas se emplearía mejor en crear “estructuras paralelas” de cultura, cuya vitalidad y sabiduría dialéctica desafiaría las ideas e instituciones desgastadas y deshonestas del establishment. También creía que esfuerzos, de este tipo, centrados en la articulación sincera de verdades ocultas o reprimidas, tienen el beneficio añadido de “combatir la futilidad y la desesperación” dentro de los círculos disidentes.
Si bien Brownstone nunca ha abandonado la práctica de entablar relaciones productivas con las estructuras de poder tradicionales, se ha centrado principalmente en crear estructuras paralelas como las que propugnaba el disidente checo.
Es obviamente importante publicar artículos de alto nivel intelectual que miles de personas leen a diario. Pero Jeffrey Tucker comprendió desde el principio que, si el objetivo es lograr una transformación duradera de las instituciones culturales existentes, también es necesario publicar libros. Así, en los últimos cuatro años, Brownstone ha publicado 21 volúmenes sobre una amplia variedad de temas, incluyendo mi libro, La traición de los expertos: la COVID-19 y la clase acreditada.
Ya sabemos que muchas de las políticas sanitarias que prevalecen en nuestras vidas provienen de organizaciones sanitarias internacionales que trabajan en estrecha colaboración con figuras clave del capital globalista. Y, como hemos observado, sus tácticas son tan brutales como carentes de imaginación. Aplican el método TINA (acrónimo de la frase inglesa There Is No Alternative), plenamente confiados en su capacidad de bombardearnos constantemente con mensajes alarmistas que no nos dejan espacio para una reflexión racional sobre las medidas “protectoras” que proponen organismos como la OMS y sus múltiples organizaciones aliadas.
Consciente de ello, Brownstone fundó el grupo de investigación Reppare en colaboración con la Universidad de Leeds (Reino Unido) en el verano de 2023. Reppare es el acrónimo de Reevaluación de la Agenda de Preparación y Respuesta ante Pandemias. Está dirigido por el profesor Garret Brown y el Dr. David Bell, dos profesionales con amplia experiencia en estas organizaciones sanitarias internacionales.
Todo cálculo sobre posibles eventos futuros, como las pandemias, se basa en innumerables suposiciones sobre la presencia, la naturaleza y la intensidad de los factores que determinarán su presunta aparición. Y si algo hemos aprendido en los últimos años, es que las autoridades de las principales instituciones de salud pública, consciente o inconscientemente influenciadas por la fantasía de controlar las inmensas fortunas que financian gran parte de sus actividades, tienden a sobreestimar el nivel de amenazas biológicas a las que nos enfrentamos. ¿Por qué? Porque saben que cuanto más grave sea la amenaza percibida, mayor será la suma de dinero disponible para estudiarla y combatirla.
La función principal del grupo Reppare es analizar rigurosamente los supuestos financieros y epidemiológicos que sustentan sus predicciones de frecuentes desastres médicos, de modo que el público pueda tener una base para responder a las constantes predicciones apocalípticas difundidas por los portavoces del complejo médico-mediático de los globalistas.
Vaclav Benda tenía razón cuando, en “La Polis Paralela”, habló de la necesidad de combatir los sentimientos de “futilidad y desesperación” entre los grupos disidentes de la sociedad. Cuando las personas están aisladas, se cunden las dudas sobre la validez de su causa y los sacrificios necesarios para seguir luchando contra la injusticia.
Brownstone comprendió la importancia de reunir en entornos sociales relajados a personas interesadas en desafiar la mano muerta del sistema, no solo para compartir ideas, sino también para lamentar las derrotas y celebrar las victorias.
Con este espíritu nació nuestro primer Supper Club (Club de Cenas) hace cuatro años. El formato es sencillo. Nos reunimos una vez al mes en el mismo restaurante con personas de todos los ámbitos sociales para comer, beber y escuchar una conferencia de un experto o activista destacado de una de las muchas ramas entrelazadas de nuestro movimiento contra la deshumanización progresiva de nuestras culturas.
El primer Supper Club se fundó en West Hartford, Connecticut, cerca de la casa de Jeffrey Tucker. Actualmente contamos con clubes similares en Boston, Bloomington, Indiana, Chicago, Austin, Texas y Bandera (Texas), y estamos trabajando para establecer otros en otras ciudades. Cada año, también organizamos una gala nacional en una ciudad diferente de Estados Unidos, una especie de Supper Club a gran escala.
En Brownstone somos conscientes de que nos enfrentamos a un adversario cuyo poder supera la capacidad de cualquier nación para combatirlo. Por ello, cultivamos relaciones con ciudadanos de otros países que comparten nuestra actitud crítica. Pero también entendemos que cualquier reimplantación del modelo Brownstone en otro lugar no puede, ni debe, ser una mera réplica del Brownstone en Estados Unidos. Debe responder a las realidades específicas del país donde se establece.
Nos gusta pensar que nos hemos mantenido fieles a esta visión con la fundación de Brownstone España, el primero de nuestros socios europeos. En sus ocho meses de existencia, se ha consolidado como un espacio institucional para la disidencia hispanohablante contra la cultura de la COVID-19 y un importante espacio para la expresión de opiniones críticas sobre los ataques globalistas a la dignidad humana. Esperamos establecer relaciones similares en otros países de Europa y del mundo en un futuro próximo.
Quizás yo, como becario de Brownstone, sufra de un sesgo al juzgar los logros de la organización en los últimos años. Pero creo que Brownstone, que cuenta con solo cuatro empleados remunerados, tiene motivos para estar orgullosa del trabajo realizado hasta la fecha. Dicho esto, también entendemos que estamos inmersos en una larga lucha contra un enemigo brutal y multifacético. Pero nos fortalece saber que 17.000 donantes individuales han depositado su confianza en nosotros y que no podemos decepcionarlos.
En resumen, Brownstone es una organización dedicada a la observación sin filtros de la realidad que nos rodea. Cuando llegaron los horrores de la COVID-19, nosotros, a diferencia de muchos, no ignoramos la carnicería que se desarrollaba ante nuestros ojos. Tomamos nota y aprendimos mucho, manteniendo siempre viva nuestra fe en el valor esencial de la libertad y la dignidad humana, y también en la necesidad de comprometernos a preservar las ideas de la belleza y la vida como una búsqueda constante de la verdad. Gracias.
Sobre el autor
Thomas Harrington es catedrático emérito de Estudios Hispánicos en Trinity College en Hartford, Connecticut en los EE.U. y un Senior Brownstone Scholar, un Brownstone Fellow y miembro fundador de Brownstone España. Su investigaciones académicas se centran en los movimientos ibéricos de identidad nacional, las relaciones culturales intra-ibéricas y las emigraciones ibéricas hacia las américas. Sus escritos sobre la política y la cultura han aparecido con frecuencia en la prensa estadounidense, así como en varios medios de comunicación en España. Es el autor cinco libros, el último de ellos siendo The Treason of the Experts: Covid and the Credentialed Class (2023). Varios de sus artículos de prensa y una muestra de su fotografía se encuentran en Words in The Pursuit of Light. Se puede ver una selección de sus trabajos académicos en https://trincoll.academia.edu/tharrington





Magnifico articulo Thomas para acabar el año, empezar el año nuevo y celebrar la eternidad.
Gracias de corazón a ti a todas las personas afines a Browstone que la paz el amor y la luz os acompañen a cada instante. Enorme gratitud !!
Guess what Tom , I have signed back up to Substack after a few months of blissful cancellation. Reason for coming on board again is for my curiosity with Brownstone Spain ( pardon me España) now I have come across another road block , my ineptitude with reading Spanish . I suppose I will need to get on board with a transition app or pretend to understand what I’m reading in Spanish… Saludos .