Decía el olvidado Vicente Risco en su Satanás: Historia del diablo (1947) que es verdad de fe, pero sobre todo de experiencia, que el diablo existe, y que quien no cree en él le pertenece de manera irremediable. El diablo, que reconoció ante el mismísimo Jesucristo que “Mi nombre es Legión”, está extendido por todas partes, de manera que “supera, acaso, a las más pululantes especies animales, acaso a todas juntas”. El diablo es pura contradicción y, por eso, pese a que tenga facultades sobrehumanas representa al mismo tiempo “el máximo extremo de lo trágico” y “el más risible, el más lamentable, el verdadero prototipo de lo grotesco”.
Viene todo esto a cuento (sin necesidad de ponernos gnósticos) del aquelarre mediático que periodistas, influencers y forofos de todas las derechas patrias han organizado para vejar de la manera más infame posible a Hanan Alcalde, la llamada “Barbie Gaza”, por haberse enrolado como activista en la flotilla Global Sumud y haberse a atrevido a enunciar públicamente varias verdades. El demonio ha conseguido poner de acuerdo a todos estos especímenes derecharios, que igual que las brujas en los aquelarres, se someten a su voluntad, lamiéndole el ojo ciego (es decir, el culo almorránico, purulento, peludo, eternamente en descarga) para aleccionarnos al resto de los mortales con la boca aún tumefacta de excrementos, o sea, de antiguas verdades descompuestas y revestidas de bacterias maléficas.
Mezclando churras con merinas, estas derechas (y no pocos falangistas light de izquierda patriótica) denuncian que quienes se enrolaron en la flotilla buscaban protagonismo y gloria mediática, como si ellos mismos, veletas sin escrúpulos que intentan sacar tajada de las denuncias de “Barbie Gaza” sobre el exterminio de palestinos, no estuviesen haciendo precisamente eso. Como sabemos que el mal intenta confundirse siempre con el bien y que habita en la contradicción, poco importa que sectores de la vergonzante izquierda española como los representados por la también flotillera Ada Colau carezcan, en muchos sentidos, de decencia. El hecho fundamental que evidencia el viaje de la flotilla es que Israel, presunto defensor, como todos los liberalios que lo apoyan, del derecho internacional y del Orden Internacional Basado en Reglas es, junto a EEUU, el principal violador de este hipócrita sistema de orden mundial que tantos muertos ha causado desde 1944.
Pero la saña de las derechas patrioteras contra “Barbie Gaza” no se explica por el asunto de la flotilla (por qué no atacan a Colau, a Greta Thunberg o a cualquier otro de los integrantes), sino porque “Barbie Gaza” representa precisamente lo que todos y cada uno de los integrantes de la derecha debieran ser. No perdamos de vista que estamos ante un asunto diabólico en el cual reina la contradicción, y que quien ha puesto con intención despectiva el apodo de Barbie a Hanan Alcalde —espectacular madre de seis hijos a sus 47 primaveras, casada desde hace más de veinte años con un un policía y residente con su prole en Ceuta— no ha sido Podemos o una confederación de feminazis, sino la derechona que debiera defender el modelo de las Barbies mamás, emprendedoras y entregadas al socorro público, y los Kens papás, protectores, agentes del estado y volcados en la familia.
El motivo del odio a “Barbie Gaza” no son, por eso, las moderadas y educadísimas denuncias del genocidio israelí que esta madre de familia lleva a cabo, sino el hecho de que no se haya divorciado y no comparta sus fantasías sexuales en redes, bien sea de manera voluntaria o involuntaria, como aconteció a ese afamado director de periódico de derechas al que, mediante una operación de estado infame, grabaron bebiéndose un Moët Chandon salido directamente de la vejiga de una mulata.
Sin embargo, el quid de la cuestión, aquello que saca a las derechas patrióticas de sus casillas es que “Barbie Gaza” es creyente, y que para conciliar su estilo de vida con su fe se convirtió al Islam, religión profesada por su marido español de origen marroquí. Las derechitas derechonas, olvidando sus diferencias y formando una nueva y delirante CEDA, han salido al ataque contra ella porque su ejemplo evidencia una verdad difícil de reconocer y, aún menos, de asimilar: esto es, que el infame catolicismo liberal (sea en su versión devota o cultural) pareciese hoy en día incompatible con ideas tan básicas como el matrimonio, el natalismo o la familia tradicional.
La operación de acoso y derribo a “Barbie Gaza” es, por eso, tan orwelliana como infantil, pues consiste en pasearla como si fuese una muñeca por platós de televisión para mostrar a la audiencia lo cateta que presuntamente es sin darse cuenta de que el efecto que consiguen es el contrario. Si se meten en redes podrán ver, por ejemplo, a la ojiplática María Fajardo insultarla con gritos de buhonera, o a Alicia Bódalos, esa doble de la Úrsula de La Sirenita, deshumanizarla de manera demente en Periodista Digital.
Barbie Gaza se sobra a sí misma y no necesita acompañante que la defienda en este violento periplo mediático, pero como estamos hablando de Barbies, de familias numerosas y de matrimonios tradicionales no está de más meter a un Ken en la ecuación. Si las derechas patrióticas y sus medios afines quieren dar voz a un “Ken Gaza” que acompañe a “Barbie Gaza” y explique en qué consiste el genocidio israelí y la criminal historia del sionismo, yo les propongo que inviten a los platós a nuestro Carlos Sánchez. Carlos es, pese a que el gran público aún no lo sepa, el verdadero “Ken Gaza” de nuestro país, porque además ser uno de los hombres más guapos de España pese a no ser gallego (Manuel Jabois y Manuel Rivas nada tienen que hacer a su lado), es padre de familia tradicional, ha estudiado en un colegio judío y es un gran conocedor de la historia del estado de Israel. Insisto en ponerle el nombre de Ken porque Carlos parece hermano gemelo de Pedro Sánchez (aunque en versión perfeccionada), primo tercero de Mario Vaquerizo, y clon de cualquier modelo de calzoncillos XXL creado por inteligencia artificial, aunque esté hecho de carne y hueso y disponga de cerebro para dar y tomar.
El caso es que nuestro “Ken Gaza” ha escrito alguno de los mejores artículos críticos con el sionismo que se han publicado en España. Baste como ejemplo el que hemos sacado hace un par de días en este mismo medio, analizando los posibles vínculos de Hamas con el sionismo, desvelando el papel que en esta masacre ha jugado el proyecto del Canal Ben Gurion o recordando la verdadera naturaleza de la Hermandad Musulmana. Pocas cosas me parecerían más justas y deseables para el bien público en este momento que poder ver en un plato de televisión juntos a “Barbie Gaza” (Hanan Alcalde) y a “Ken Gaza” (Carlos Sánchez) desmontar la propaganda sionista ante el ataque de la jauría liberalia española. Pero me temo que esta derecha LGTBIQA+ amiga del divorcio, el orden basado en reglas y la libertad protestante del individuo no dejará que a Barbie se le junte Ken, no vaya a ser que una plaga de sentido común y de peligrosa racionalidad de familia tradicional amante de los niños se cierna sobre los televidentes.
Sobre el autor
David Souto Alcalde es escritor y doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad de Nueva York (NYU). Ha sido profesor de cultura temprano moderna en varias universidades estadounidenses. Especializado en la historia del republicanismo y en las relaciones entre política, filosofía y literatura, en los últimos años se ha centrado en explorar los fundamentos del autoritarismo contemporáneo: tecnocracia, poshumanismo y globalismo. Es colaborador habitual de distintos medios y miembro fundador de Brownstone España.




La mejor definición que hay de la política es aquella que reza: La política siempre es mierda lo único que cambia son las moscas
Derecha, izquierda, no hay mucha diferencia
Brillante artículo, David. Me quedo con lo más morboso del mismo: nuestro Carlos-Kent y el potencial que tendría en el cuadrilátero mediático con Hanan-Barbie (no la conocía) como pareja de lucha dialéctica más allá del tema de Gaza. Pagaría por verlo, precisamente porque sé que no los llaman, no.