El pensador por excelencia de Vox es Francisco José Contreras. Y como bien apunta Pedro González Cuevas en Historia de la Derecha española, el modelo social y económico propugnado por Contreras es básicamente el norteamericano. Algo que así mismo se desprende del famoso “Programa de los 100 puntos” del citado partido, o del ultraliberalismo extremo que propugnó en su momento el programa económico de Vox redactado por Mansó.
Esto se puede ver igualmente, un día sí y otro también, en los influencers y youtubers que se mueven en los aledaños de Vox, y que atacan de forma inmisericorde a nuestros pensionistas y a nuestro sistema de pensiones, así como a diversos aspectos del Estado de Bienestar europeo. Al margen de la consideración moral, alejada del catolicismo y de la familia, y cercana a un protestantismo individualista totalmente ausente en la tradición española, es muy sencillo demostrar, y aquí lo haremos, cómo el modelo norteamericano es netamente inferior, económica y socialmente, al modelo económico y de bienestar tradicional europeo en general, y al español en particular.
En primer lugar veremos cómo, si exceptuamos los McJobs (o trabajos basura) donde en Estados Unidos ni los empleadores tienen deberes ni los empleados derechos (a diferencia de en España donde sí los tienen), por extraño que parezca, el empleador norteamericano tiene que gastar un porcentaje bastante superior por empleado en lo que aquí, si se me permite la licencia, llamaríamos cotizaciones sociales, que un empleador español. Repito, el empleador norteamericano gasta bastante más por empleado que el empleador español. En segundo lugar veremos como un trabajador o empleado norteamericano tiene que pagar y gastarse bastante más que lo que un español paga en impuestos directos e indirectos, o lo que los mismos proporcionan a un español. Y por último mencionaremos, puesto que es necesario, las brutales desigualdades sociales que proporciona a sus nacionales el sistema norteamericano, algo que aquí está ausente en buena medida.
Veamos. Para un trabajador normal, pagado con dignidad, un empleador español tiene que añadir en cotizaciones un 30 % al sueldo pagado. Para el mismo caso, un empleador norteamericano debe añadir a lo pagado entre un 35% y un 40 % más (y muchas veces supera ese porcentaje), en cotizaciones y en lo que se llama “Benefits”, un concepto extraño para nuestro sistema de seguridad social que en unas líneas explicaremos.
En España, la cotización que tiene que pagar la empresa en el llamado régimen común es de un 23,60 % del sueldo bruto. Además tiene pagar, si el trabajador es indefinido, un 5,5% en concepto de pagar el posible desempleo, un 0,20 % al FOGASA, un 0,60 % para la Formación Profesional, así como un 0,67 % por el Mecanismo de Equidad Inter-generacional (MEI). En total es, pues, un 30,57% además del sueldo en bruto. Para poner un ejemplo concreto; para un salario bruto de 5.000 euros mensuales, el empleador debería añadir 1.500 euros al mes en concepto de cotizaciones sociales. Es decir, para un sueldo bruto de 60.000 euros anuales tendríamos un coste para el empleador de 18.000 euros. Estas cotizaciones sirven, recordémoslo, para pagar el desempleo, la seguridad social, las pensiones, etc.
¿Qué ocurre en Estados Unidos? En Estados Unidos, el empleador paga la mitad del 12,4 % que exige la Ley Federal de contribuciones al seguro (FICA), es decir un 6,2 %. Además paga para Medicare (la sanidad de los jubilados) la mitad del 2,9 %, es decir, un 1,45 %, así como al menos un 6 % de los primeros 7.000 euros de salario para el impuesto para el desempleo, además de primas y seguros para cubrir lesiones o enfermedades laborales. En principio puede suponer entre un 10 y un 12 % del total del salario. Parece bastante mejor que el caso español, ¿verdad? Para un salario anual de 60.000 euros el empleador solo necesitaría gastar entre 6.000 y 7.000 euros. Sin embargo, la cosa cambia cuando tenemos en cuenta los llamados “benefits”, que son muy variables según el empleador y el empleado, pero que suelen darse en todos los trabajos de cierta cualificación, excepto en los McJobs, y que incluirían desde parte del seguro médico, hasta gafas, dentista, fondo de pensiones, etc. Teniendo en cuenta que en Estados Unidos la sanidad privada conlleva un gasto del 18 % del PIB (España gasta con su sanidad pública un 9 % del PIB), y anticipando un seguro medio muy normalito que incluya al empleado y a un hijo de apenas 15.000 euros al año (los seguros son muy diversos y los más normales van desde los 8.000 euros para un solo empleado joven hasta los 22.000 euros para cubrir a toda la familia del empleado), la cifra que debe gastar el empleador, y que cubre normalmente un 75 % del citado seguro, ascendería en este apartado a 11.250 euros al año. Es decir, ya alcanzaríamos los 18.000 euros al año que pagaría un empleador español para un salario de 60.000 euros anuales. Pero, y además, a todo ello, hay que sumar la aportación de la empresa al plan de pensiones del empleado, que suele ser la misma cantidad que aporta el mismo o, incluso, significativamente mayor. Es decir, si el plan de pensiones privado del trabajador es de 5.000 euros al año (algo ciertamente muy bajo), la empresa, el empleador debería aportar como mínimo otros 5.000 euros anuales. En total, y con el ejemplo previsto, para el mismo sueldo anual de 5.000 euros al mes brutos en doce pagas, el empleador norteamericano tendría que aportar 23.000 euros anuales, es decir, un 38,3 % más que el sueldo que paga. En total más de 8 puntos porcentuales más que el empleador español. Un 38 % frente a un 30 %. En definitiva, para el trabajo con cierta cualificación el coste salarial es superior en Estados Unidos superior al español y al europeo.
¿Y el empleado? ¿Qué paga el empleado? En España, en relación a las cotizaciones, el trabajador paga un 4,70 % de contingencias comunes, un 0,13 % de MEI, un 1,55 % de tasa para el desempleo, y un 0,10 % para la FP. En total paga, pues, un 6,5 % de su salario. En el caso de un salario de 5.000 euros mensuales el trabajador español tendría que desembolsar de cotizaciones unos 325 euros al mes, y 3.900 euros al año.
¿Y en Estados Unidos? Pues cerca de un 8 % para el seguro y el Medicare. Esto implicaría 400 euros al mes. Claro que ahora viene lo bueno; el seguro médico y la aportación al plan de pensiones. En el caso ya citado sería el 25 % del seguro médico de 15.000 euros anuales y unos 5.000 euros al año para el plan de pensiones. Estaríamos hablando pues de 8.750 euros al año más, lo que haría que sumado a los 400 euros anteriores de seguro y medicare nos situásemos en una cifra de 1.100 euros mensuales. Es decir, para entendernos, unos 1.100 euros mensuales tiene que desembolsar cada trabajador norteamericano para el equivalente a 375 euros que desembolsa el trabajador español con el mismo salario.
Y todo ello teniendo en cuenta, y hay que recalcarlo, que el seguro médico no excluye el copago, más bien lo incluye con casi toda seguridad, y que el nacimiento de un hijo fácilmente te puede suponer, aunque tengas el seguro en orden, un pago de 5.000 euros y una mera operación de apendicitis un copago de 6.000 euros. Es algo que se dice pronto, ¿verdad?, pero que tarda en olvidarse. Como también tarda en olvidarse que 30 millones de norteamericanos no tienen ningún seguro sanitario. Tal vez por ello la esperanza de vida de los estadounidenses sea bastante inferior a la esperanza de vida española.
Es cierto, que el IRPF norteamericana es más bajo que en España para las rentas muy altas, no así para las medias y bajas. Pero también debemos explicar que el equivalente del IBI norteamericano puede llegar a ser de aproximadamente un 3 % del total de la vivienda. Esto implica que para una vivienda valorada en 300.000 euros se pague un equivalente al IBI de unos 9.000 euros al año. Sí, se ha leído bien. 9.000 euros al año de IBI para una vivienda valorada en 300.000 euros al año.
Con este impuesto de propiedad norteamericano se pagan las escuelas públicas. Que, por supuesto, no en todo Estados Unidos son iguales, pues son mucho mejores en los condados con más renta, ya que recaudan más al valer más las propiedades, mientras que en los barrios más deprimidos las escuelas son en general cochambrosas. Pero es que si hablamos de educación, además conviene mencionar que en una universidad cualquiera de Estados Unidos el curso te puede costar 40.000 o 50.000 euros el año académico. Es cierto que allí, protestantes ellos y alejados del concepto de familia latina y católica donde los padres tenemos la costumbre y el orgullo de velar siempre por los hijos, a los 18 años se les dice a los hijos que se las apañen. De ahí que la inmensa mayoría de jóvenes norteamericanos tengan que recurrir a los préstamos educativos y que empiecen su carrera profesional con una deuda de al menos 200.000 euros. Supongo que cuando los voceros, articulistas, influencers y youtubers del entorno de Vox dicen que los boomers explotan a los jóvenes se refieren a los boomers norteamericanos con respecto a los jóvenes norteamericanos, ya que en España, donde somos católicos y latinos, tenemos la costumbre de pagarles los estudios universitarios a nuestros hijos. Y de ayudarles toda la vida. Esas eran al menos las costumbres que a mí me enseñaron en mi casa, mi familia, y que yo intento seguir fielmente con la mía. Claro que vivimos tiempos de disolución de la familia, del individualismo más extremo, del yo, yo, y después yo también. Todo muy protestante y anglo, todo muy poco católico y español. Eso es por lo que Vox es un partido que tiene muy poco o nada de español. Y menos de católico.
Y no puedo dejar de mencionar, para acabar, que Estados Unidos está entrando en decadencia, como dice Todd, por aspectos como sus desorbitados costos laborales. Hasta ahora EEUU fichaba a los mejores cerebros del mundo, y se aprovechaba de tener probablemente el territorio más rico y privilegiado en materias primas, agriculturas y recursos naturales del planeta. Pero ya se está olvidando de eso. Y lo está haciendo, además de a través de las controvertidas medidas de Trump, porque su modelo económico y social repele el sentido común y la decencia. Algo, tal vez, por lo que le encanta a Vox.
Sobre el autor
Miguel Ángel Cerdán Pérez. Licenciado en Geografía e Historia y Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED. Catedrático de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en el IES Violant de Casalduch en Benicàssim. Ejerce como articulista en diversos medios como El Mundo Castellón al día, El Viejo Topo, El Diario.es Comunidad Valenciana o Diario 16





La innovación vive de la varianza, cuanta más dispersión de resultados permites, más fat tails tienes, más unicornios, pero también más proyectos que mueren. EE. UU. incentiva esa varianza mediante la bancarrota rápida y con poco estigma, capital riesgo y mercados profundos, gran mercado interno homogéneo, flexibilidad laboral y compensación en equity que premia desproporcionadamente el acierto. El coste es una mayor desigualdad y más gente que “se queda por el camino”.
España y Europa priorizan la estabilidad con redes de seguridad amplias, empleo más protegido y financiación más bancaria que de riesgo. El resultado es una campana de Gauss de bienestar más alta, pero menos extremos positivos.
Lo curioso es que ambos modelos estan en decadencia.
Los EE.UU. son lo que son como resultado de un proceso histórico de sociedad de frontera, donde la libertad, la improvisación, la creación ex nihilo, la flexibilidad mental, el optimismo y más son las características esenciales. Es también una transposición de la ética germánica innata, subconsciente y tácita de hombres libres y orgullosos. Esto también se traslada a la especulación y a la cultura financiera, incluyendo el pago de precios que resultaría impensable en países más limitados.
Una maraña parcial de datos fiscales desordenada y su comparación a salto de mata con otra maraña parcial de datos fiscales no nos aclara mucho. Lo primero es que hay que inscribir esos datos en un cuadro sinóptico de presión fiscal comprehensiva. Posteriormente, contemplar el éxito absoluto e innegable que, históricamente, han supuesto los EE.UU. en lo económico y, por tanto, en conjunto, también en lo social. Esa decadencia gringa no es nada comparada con la nuestra y ya nos gustaría estar como están ellos, tanto por ingresos como por eficacia de las administración de justicia; no digamos ya por el mercado laboral o la superior cultura financiera. Al españolito le preocupa que le den su medicamento ahí donde tiene la pupita. De ahí el gasto público en atención sanitaria. Al estadounidense le ha preocupado más la justicia administrada por el Estado; con lo que tenemos ya, de entrada, un tipo vital superior en los EE.UU.. El español es más de culto mariano y de ser un niño toda su vida. Vamos a ser claros, el español no es que sea, así sin más, "latino y católico" sino que, mientras que el español superior nietzscheano creó una civilización excelsa, masas de portadores del gen rojo (ver Vallejo Nájera) se han cargado esta civilización como hombres masa que no reaccionan sino como agrupación pasivo-agresiva, además de reactiva, contra todo aquel que se exige algo a sí mismo. El nivel rosabel de vulgaridad en el paisanaje español hoy es vomitivo. Dedicarse meramente a encontrarle pegas a los EE.UU. y ceñirse a ellas es propio de viejas anquilosadas y envidiosas como es la ultradecadente España y sus ñoños nostálgicos de las mal llamadas protecciones sociales según un esquemita mental de la siniestra política; que en el fondo no son sino seres débiles y temerosos de la competencia y de la libertad, económica o del tipo que sea. Al margen de la veracidad u oportunidad de las observaciones externas de los males de los EE.UU., la intención que a éstas subyace es la de la complacencia en la desgracia del objeto de su envidia.
Es además deshonesto no reconocer o, incluso, no poner por delante que la aparente decadencia de la Gringolandia se ha debido a sus propias dudas sobre sí misma, a la infiltración insidiosa y sibilina del marxismo cultural y a la pérdida de autofidelidad con respecto a los ideales fundadores y a los idearios básicos y operativos definitorios de los EE.UU., así como virtudes colectivas, distributivas e individuales del gran pueblo de los EE.UU. clásico. Un factor adicional es esa gerontocracia senil de los Biden o los Trump, que augura una revolución discreta en ciernes en pocos años como reacción. Si los EE.UU. han perdido terreno es por la corrupción en diversos órdenes y, sobre todo, por la avaricia, sea ésta de la American Medical Association, de la farmafia judeosatánica, la industria de los seguros, de la alimentación, etc..
Nos encontramos pues con que, efectivamente, el pez se pudre por al cabeza pero, aún así, están mucho mejor que Expaña y más aún si se estratifican datos correctamente y vemos como en el universo gringo, los contrastes y abismos sociales son el precio de la libertad en un contexto que, como en muchos planetas de nuestro sistema social, las dimensiones de todo son muy superiores a las de la Tierra o tierra conocida, como conocida es Expaña. Ahora bien, también es EE.UU. el gran teatro de operaciones de la guerra entre el bien y el mal y muchas de las soluciones a la crisis contemporánea también proceden de allá, comenzando por el cuestionamiento de la tiranía médica o farmacéutica o el asombroso desarrollo de toda una cultura y ciencia popular de la nutrición y la medicina herbaria.
En cuanto a la "educación" (instrucción) superior, ¿de verdad necesitamos masas de licenciaditos en España que no saben escribir y sólo farfullan, comenzando por los infames abogaditos de tres al cuarto? ¿Es eso progreso? No lo es pero parece que lo es y es ahí donde está la clave en los humos y espejos de desclasar a una parte substancial de la juventud para crearles falsas expectativas y que no tomen conciencia de su predicamento de clase. También para travestir los datos de desempleo juvenil. La verdad es que los que van a la universidad en Expaña debieran, en dos tercios tal vez, estar cavando zanjas o vendiendo emparedados en lugar de tener a desgraciaditos del Tercer Mundo haciéndolo por un sueldo de esclavo.