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La innovación vive de la varianza, cuanta más dispersión de resultados permites, más fat tails tienes, más unicornios, pero también más proyectos que mueren. EE. UU. incentiva esa varianza mediante la bancarrota rápida y con poco estigma, capital riesgo y mercados profundos, gran mercado interno homogéneo, flexibilidad laboral y compensación en equity que premia desproporcionadamente el acierto. El coste es una mayor desigualdad y más gente que “se queda por el camino”.

España y Europa priorizan la estabilidad con redes de seguridad amplias, empleo más protegido y financiación más bancaria que de riesgo. El resultado es una campana de Gauss de bienestar más alta, pero menos extremos positivos.

Lo curioso es que ambos modelos estan en decadencia.

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Los EE.UU. son lo que son como resultado de un proceso histórico de sociedad de frontera, donde la libertad, la improvisación, la creación ex nihilo, la flexibilidad mental, el optimismo y más son las características esenciales. Es también una transposición de la ética germánica innata, subconsciente y tácita de hombres libres y orgullosos. Esto también se traslada a la especulación y a la cultura financiera, incluyendo el pago de precios que resultaría impensable en países más limitados.

Una maraña parcial de datos fiscales desordenada y su comparación a salto de mata con otra maraña parcial de datos fiscales no nos aclara mucho. Lo primero es que hay que inscribir esos datos en un cuadro sinóptico de presión fiscal comprehensiva. Posteriormente, contemplar el éxito absoluto e innegable que, históricamente, han supuesto los EE.UU. en lo económico y, por tanto, en conjunto, también en lo social. Esa decadencia gringa no es nada comparada con la nuestra y ya nos gustaría estar como están ellos, tanto por ingresos como por eficacia de las administración de justicia; no digamos ya por el mercado laboral o la superior cultura financiera. Al españolito le preocupa que le den su medicamento ahí donde tiene la pupita. De ahí el gasto público en atención sanitaria. Al estadounidense le ha preocupado más la justicia administrada por el Estado; con lo que tenemos ya, de entrada, un tipo vital superior en los EE.UU.. El español es más de culto mariano y de ser un niño toda su vida. Vamos a ser claros, el español no es que sea, así sin más, "latino y católico" sino que, mientras que el español superior nietzscheano creó una civilización excelsa, masas de portadores del gen rojo (ver Vallejo Nájera) se han cargado esta civilización como hombres masa que no reaccionan sino como agrupación pasivo-agresiva, además de reactiva, contra todo aquel que se exige algo a sí mismo. El nivel rosabel de vulgaridad en el paisanaje español hoy es vomitivo. Dedicarse meramente a encontrarle pegas a los EE.UU. y ceñirse a ellas es propio de viejas anquilosadas y envidiosas como es la ultradecadente España y sus ñoños nostálgicos de las mal llamadas protecciones sociales según un esquemita mental de la siniestra política; que en el fondo no son sino seres débiles y temerosos de la competencia y de la libertad, económica o del tipo que sea. Al margen de la veracidad u oportunidad de las observaciones externas de los males de los EE.UU., la intención que a éstas subyace es la de la complacencia en la desgracia del objeto de su envidia.

Es además deshonesto no reconocer o, incluso, no poner por delante que la aparente decadencia de la Gringolandia se ha debido a sus propias dudas sobre sí misma, a la infiltración insidiosa y sibilina del marxismo cultural y a la pérdida de autofidelidad con respecto a los ideales fundadores y a los idearios básicos y operativos definitorios de los EE.UU., así como virtudes colectivas, distributivas e individuales del gran pueblo de los EE.UU. clásico. Un factor adicional es esa gerontocracia senil de los Biden o los Trump, que augura una revolución discreta en ciernes en pocos años como reacción. Si los EE.UU. han perdido terreno es por la corrupción en diversos órdenes y, sobre todo, por la avaricia, sea ésta de la American Medical Association, de la farmafia judeosatánica, la industria de los seguros, de la alimentación, etc..

Nos encontramos pues con que, efectivamente, el pez se pudre por al cabeza pero, aún así, están mucho mejor que Expaña y más aún si se estratifican datos correctamente y vemos como en el universo gringo, los contrastes y abismos sociales son el precio de la libertad en un contexto que, como en muchos planetas de nuestro sistema social, las dimensiones de todo son muy superiores a las de la Tierra o tierra conocida, como conocida es Expaña. Ahora bien, también es EE.UU. el gran teatro de operaciones de la guerra entre el bien y el mal y muchas de las soluciones a la crisis contemporánea también proceden de allá, comenzando por el cuestionamiento de la tiranía médica o farmacéutica o el asombroso desarrollo de toda una cultura y ciencia popular de la nutrición y la medicina herbaria.

En cuanto a la "educación" (instrucción) superior, ¿de verdad necesitamos masas de licenciaditos en España que no saben escribir y sólo farfullan, comenzando por los infames abogaditos de tres al cuarto? ¿Es eso progreso? No lo es pero parece que lo es y es ahí donde está la clave en los humos y espejos de desclasar a una parte substancial de la juventud para crearles falsas expectativas y que no tomen conciencia de su predicamento de clase. También para travestir los datos de desempleo juvenil. La verdad es que los que van a la universidad en Expaña debieran, en dos tercios tal vez, estar cavando zanjas o vendiendo emparedados en lugar de tener a desgraciaditos del Tercer Mundo haciéndolo por un sueldo de esclavo.

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