Me pregunto con frecuencia cuántos españoles tendrán una idea más o menos clara de lo que es la libertad política.
Por mi parte, solo diré que llevo años estudiando el significado de libertad aplicado a la política, y sé que la sociedad española no es libre, ni política, ni intelectualmente.
Las razones de la falta de libertad política a estas alturas de la vida del Régimen político del 78 son sobradamente conocidas.
En cuanto a las razones de nuestra falta de libertad intelectual como sujeto político, la cuestión es bastante más oscura.
Haré referencia a una de estas razones más insidiosas. Recuerdo que mi maestro García-Trevijano solía decir que del error se sale, de la confusión no. Pienso que la sociedad española es víctima de un calculado adoctrinamiento cuyo origen está en nuestras instituciones políticas, las cuales nos han convencido de que libertad y derecho son equivalentes, cuando no lo son. La libertad, por definición, no puede ser otorgada por un tercero ni estar sujeta a regulación, al contrario que los derechos, que sí son otorgados y regulados por la ley. De ahí la importancia de entender que la mal llamada Constitución Española es en realidad una Carta Otorgada, y por lo tanto, no fue fruto de una conquista del pueblo español. La libertad política no se regala, se debe conquistar arrebatándosela a su detentador, porque éste último, ya sea por razones divinas, dinásticas, ideológicas o por cualquier otra circunstancia, se considera legitimado para dirigir la vida de un pueblo. En el caso de la Transición española, lo que se derivó de ella fue una Carta Otorgada nacida del acuerdo de los dirigentes de los partidos políticos relevantes en ese momento.
Como decía, se nos ha convencido de que libertades y derechos son sinónimos y a partir de esa premisa se pretende que todo lo que esté regulado es legalmente lícito, de modo que toda la capacidad coercitiva del Estado puede ser aplicada sobre el ciudadano para su cumplimiento. No me digan que el Tribunal Constitucional tutela esos derechos porque ya saben quiénes eligen a sus miembros, los mismos partidos políticos que hacen esas leyes.
Quien tiene la autoridad para otorgar derechos, dispone de la misma autoridad para retirarlos. Nuestro sistema jurídico vive en la precariedad desde 1978 porque la relación de fuerzas de los partidos políticos es la que marca la oportunidad de acceder al poder. Ellos lo llaman “consenso”, cuando en realidad es reparto del botín del Estado.
Siempre ha sido así, si bien, esa precariedad o inseguridad jurídica se puso especialmente de manifiesto con el acontecimiento de la pandemia, donde nuestras vidas quedaron a merced de las instituciones. La crueldad con la que éstas aplicaban los cambiantes y contradictorios códigos de conducta sanitaria nos permitió entender hasta qué punto un ciudadano español no es dueño de su vida, no es libre.
Esta es la realidad política en España y ante ello solo hay dos alternativas, fingir que somos libres y que se nos “deja” hacer, sin saber qué pasará mañana, o rebelarnos pacíficamente no participando de esta gran mentira y recuperando el espacio de debate político en nuestra sociedad para alcanzar el necesario período de Libertad Política, el eslabón oculto. Este eslabón es la Libertad Política Colectiva, una expresión acuñada por Antonio García-Trevijano, que viene a identificar un factor político que, por falta de conceptualización, siempre se pasa por alto a la hora de examinar un sistema de gobierno y que, sin embargo, es el único factor capaz de diseñar unas instituciones políticas verdaderamente democráticas.
La razón de que éste sea el factor genuino de un sistema democrático descansa en el hecho de que al actuar de consuno la fuerza social colectiva como único sujeto, la inteligencia dedicada a la creación de su estructura institucional estará dirigida a la preservación de esa condición de dueños de su futuro político y civil, es decir, se buscará la menor interferencia de las instituciones públicas en la vida del gobernado, y será así donde nazcan los límites de las libertades individuales, límites que serán los mismos para todo gobernado y para todo gobernante. Se podría decir que la Libertad Política Colectiva es la propiedad emergente que da lugar a un sistema político destinado a garantizar las libertades civiles de todo miembro de una nación.
La estructura institucional resultante de ese período de Libertad Política Colectiva que culmina en un texto constitucional es lo que técnicamente se llama sistema de gobierno democrático (democracia representativa), plasmado en un orden constitucional en el que se consagren los dos principios fundamentales, la separación de poderes y la representación política del elector; de este modo, la libertad política individual y colectiva estarán institucionalmente garantizadas, además de tener su propia expresión.
Pero esto es la teoría. La cuestión ahora es saber si hay algún antecedente histórico que permita acreditar esta teoría como realizable. Y sí, lo hay, es la Constitución Estadounidense, la cual fue aprobada en 1787 y ahí sigue con sus enmiendas, y con sus defectos o, quizás sea más justo decir, con sus anacronismos. En ella pueden ver cómo se procuró la separación de poderes y el principio de representación del elector. Comparen su estabilidad institucional con la de otras naciones.
No obstante, la política es la lucha por el poder, y ese poder por definición siempre es una amenaza para la libertad individual y colectiva, y hoy tanto la sociedad estadounidense como el resto de la sociedades de los continentes americano y europeo está asediada por alianzas liberticidas y deshumanizadoras que se infiltran en las estructuras institucionales para someter a estas naciones a sus intereses corporativos y oligárquicos (partidocráticos).
Ese es el verdadero campo de batalla, el dominio de las estructuras políticas, una lucha en la que es necesario identificar correctamente tanto al enemigo como al aliado, y para ello es crucial entender que no se trata de defender ninguna ideología (la lucha ideológica sin reglas democráticas es en realidad un caballo de Troya), se trata de una lucha entre el cuerpo social de las naciones, los gobernados, frente a las grandes corporaciones y sus élites políticas por el control legislativo y el dominio del monopolio de la violencia del Estado. Por esa razón hay tanta tensión política en Estados Unidos, porque su fuerza social se está organizando como la vanguardia de ese frente que se opone al avance liberticida, un proceso de organización social que actualmente se impide en Europa mediante el control de las instituciones. Las naciones europeas debemos considerar como aliadas a las sociedades americanas y contribuir con lo mejor de nuestras culturas en esta lucha contra el totalitarismo, camuflado en una forma de Estado capitalista basado en grandes corporaciones y grandes partidos políticos estatales.
Nunca estuvimos tan amenazados y vigilados por nuestras instituciones políticas como lo estamos hoy. La alta capacidad tecnológica alcanzada por corporaciones como Palantir, junto al control de las instituciones por parte de unos pocos dirigentes políticos no tienen parangón histórico; por otro lado, el control de la información hace que la realidad de nuestras circunstancias sociales quede desconectada de nuestra consciencia colectiva, la cual se encuentra en un trance de alienación.
El mejor modo de empezar a revertir esa despersonalización del ciudadano es conectar con nuestro entorno social, y saber que no estamos solos, que la defensa de nuestra libertad empieza por hacernos responsables de nuestro presente político; ayudemos, por lo tanto, a conquistar ese período de Libertad Política para nuestro pueblo, esa propiedad emergente de todo sistema social, ese eslabón oculto.
En homenaje a Charlie Kirk, quien pagó con su vida la defensa de sus ideales.
Sobre el autor
Emilio José Triviño Triviño, es abogado y ha colaborado como articulista en distintos medios digitales entre ellos en el blog Acción Democrática Abstencionaria, firmando sus artículos con el pseudónimo de Cincinnatus. En el año 2020 creó un canal en Youtube junto a Alberto Iturralde y Alejandro Villalba con el nombre Camino a la libertad. El tema central de sus artículos y sus programas es la libertad política.





Querido Emilio
¿Tu crees que solo en España?. Adoctrinamiento ha habido, hay y así seguirá por los siglos de los siglos, amén. Quizás ahora seamos más conscientes