Aquel movimiento que tenía como lema “somos los de abajo y vamos contra los de arriba”, en el que muchos creyeron/creímos que había un genuino deseo de justicia social y de regeneración, ha acabado en un régimen político, el actual en España, con el único lema de “hay que ir contra el de al lado”. Aquel movimiento sólo sirvió para llevar hacia arriba, hacía Galapagar, y hacia las poltronas a unos cuantos listos, y pronto mutó para ayudar a construir en nuestro país un régimen de tintes totalitarios donde el adversario nunca es el de arriba; es el de al lado. La dinámica amigo/enemigo de Carl Schmitt, tomada por los populismos, ha sido tamizada por las enseñanzas de la Guardia Roja de Mao o los Jemeres Rojos de Pol Pot para construir un régimen político asfixiante donde se señala y se persigue al de al lado.
La justicia social, la redistribución y las políticas de tintes socialdemócratas en el plano social o económico fueron dejadas de lado. En un proceso fulminante, en cuanto las nuevas élites accedieron al poder, estas políticas fueron sustituidas por temas culturales. Y por campañas de señalamiento.
Empezaron con el varón, con el hombre blanco heteropratriarcal, que fue reducido y señalado como el origen de todos los males de la mujer. Según ellos, el varón era un potencial violador, un ser violento y despreciable, alguien que tenía que purgar su condición de hombre y pedir perdón por ello, en la línea de los autos de fe inquisitoriales. Un tiempo más tarde, fueron señaladas las propias feministas clásicas, que no entendían lo queer y demás, que eran reaccionarias por defender que ser mujer es un hecho biológico. Era la época de las identidades fluidas. Más adelante, como los Guardias Rojos de Mao en la nefasta Revolución Cultural, fueron señalados los “boomers”, que tenían la manía de cobrar su pensión, que tenían propiedades que pretendían dejar a los hijos (!qué maldad¡), y que “habían vivido la vida cañón”, es decir no se habían muerto a tiempo pues tenían la manía de no querer morirse.
Ahora son los dueños de las casas, en su mayoría obreros, que con su esfuerzo adquirieron una o dos viviendas o heredaron una o dos casas, y a los que se les tilda de rentistas, de caseros viles y con los que hay que acabar. En todo este proceso, como es evidente, jamás de los jamases se ha ido contra el neoliberalismo, contra los multimillonarios que hacen elusión fiscal, contra las empresas que pagan salarios de miseria y consiguen plusvalías fabulosas, contra instituciones con riquezas inmensas que ni en situaciones de necesidad ayudan a los ciudadanos. Es decir, jamás se ha ido contra el de arriba. Nunca. Se va, se señala y se lapida al de al lado. No sé, eso en mis tiempos era pura cobardía.
Esta mañera de actuar recuerda mucho a ese poema atribuido a Bretch de “cuando fueron a por tal no hice nada”, y ahora que van a por mí no hay nadie que me defienda. Era en tiempos del totalitarismo más rancio cuando se escribió. Los tiempos puede que se repitan. Pero lo hacen como farsa. No por ello menos peligrosa ni causante de menos dolor. Es por ello por lo que hay que poner fin ya a esta farsa.
Sobre el autor
Miguel Ángel Cerdán Pérez. Licenciado en Geografía e Historia y Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED. Catedrático de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en el IES Violant de Casalduch en Benicàssim. Ejerce como articulista en diversos medios como El Mundo Castellón al día, El Viejo Topo, El Diario.es Comunidad Valenciana o Diario 16.





La guerra de inquilinos contra caseros que ahora nos meten por las meninges es el actual pero transitorio remedo de la ya ajada lucha de clases. Viene a hacerse sitio entre las luchas de mujeres contra hombres, marrones contra beiges, invasores contra anfitriones, veganos contra comelotodos… en un eterno bucle autodestructivo que arranca desde la quijada de Caín contra Abel. Todo ello entregado siempre por cortesía del mismo grupo social, por cierto.
Estimado Miguel
Estando de acuerdo con tu reflexión, me llama la atención su final: "Es por ello por lo que hay que poner fin ya a esta farsa". Ya nos dirás cómo, porque la (teórica) alternativa, esto es, el PP, no va a cambiar nada. Y los demás tampoco