Hace unos diez años escribí un artículo titulado “España, ¿quién te defiende?” en el que recordaba una advertencia que el jurista Rodolfo von Ihering recogía en su célebre libro titulado La lucha por el derecho. Ihering planteaba el supuesto de un pueblo que arrebataba ilegalmente a otro una legua cuadrada de terreno no cultivado y sin valor. Ante esta apropiación dejaba dicho lo siguiente:
No hay nadie que niegue que un pueblo que no se resistiese ante semejante violación de su derecho, confirmaría su propia sentencia de muerte. Un pueblo que permitiese que le ocupen y conquisten impunemente una legua cuadrada de terreno, vería como poco a poco le ocupan todo el territorio hasta que no le quedase nada; en este caso, dejaría de existir como Estado, y no merecería en verdad más digna muerte, ni mejor suerte.
Por las fechas de aquel artículo mío, la amenaza consistía en la intención de levantar fronteras dentro de nuestro territorio por parte del independentismo catalán.
Con la última invasión acaecida en Ceuta, la indefensión en la que vive la Nación española se hace más evidente y dolorosa, si bien, a pesar de tener un origen exterior, sigue preservando la misma naturaleza política. Nada tiene que ver aquí la religión o el humanitarismo; el problema afecta a su misma existencia política.
Nuestros gobernantes llevan décadas arrogándose la autoridad de determinar qué es la constitución material de España, esto es, su propia realidad, de modo que vivimos en una suerte de esquizofrenia institucional cuyo delirio queda perfectamente reflejado en esa expresión que tanto gusta a nuestros santones políticos; patriotismo constitucional. O lo que es lo mismo, patriotismo a los partidos políticos (art. 6 C.E.). Y con esa coartada (¡patriótica!) del Régimen del 78, estos partidos han convertido a la Nación en su moneda de cambio.
De este modo, los españoles nos encontramos con la traumática experiencia de ver a un Estado español incapaz de defender sus fronteras y muy superado por una suerte de guerra híbrida iniciada por el Estado marroquí que da la impresión de estar perfectamente planeada con un adecuado apoyo diplomático y mediático.
Frente a esta realidad, la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué se produce esta indefensión de España?
Probablemente parecerá extraño al lector que en asuntos de relaciones vecinales entre estados aquí se señale el problema y la solución en el ámbito del Derecho constitucional, ya que por definición, las cuestiones que afectan a las fronteras estatales son tratadas en base a los principios de las relaciones internacionales.
Sin embargo, no podemos culpar a otros estados por el hecho de que nuestras instituciones sean disfuncionales. Lo cierto es que la debilidad y pusilanimidad —cuando no, la manifiesta dejación de un deber de defensa de las fronteras por parte de nuestros gobernantes— es consecuencia de un vicio estructural de este sistema de gobierno, consistente en la falta de representación política del elector en la actividad legislativa y ejecutiva. Tal y como señaló Ihering, las leyes resuelven conflictos de intereses, y desde la instauración del Régimen del 78, nuestras leyes están dirigidas a procurar el poder de los partidos políticos en liza, que a su vez necesitan aliarse con otras fuerzas estrictamente oligárquicas, banca, medios de comunicación, sindicatos, entre otras, a cambio de disfrutar de una legislación intencionadamente beneficiosa para ellos en perjuicio del interés general de la sociedad española.
La verdadera representación política pasa por organizar el territorio español en distritos electorales (Ceuta por sus características sería uno) donde eligieran a su propio representante, con nombre y apellidos y un necesario vínculo vital con esa población electora, mediante un sistema de mayorías, y con posibilidad de revocación de ese mandato en caso de que así lo entendieran necesario los electores de su distrito. De este modo, estos representantes se cuidarían mucho de no traicionar el mandato recibido, evitando, como mínimo, poner en peligro la vida social, familiar y laboral de los votantes.
Por otro lado, al no haber elecciones separadas del legislativo y el ejecutivo (separación de poderes), el presidente del gobierno resulta ser el jefe de un partido en el que tras confeccionar las listas electorales, se asegura su acceso al gobierno, si es que le salen los números, ya sea mediante una mayoría de escaños o tras ese cambalache que llaman gobiernos de coalición. Sin embargo, ¿alguien se podría imaginar que en unas elecciones separadas para la presidencia del gobierno de España, con una única circunscripción en todo el territorio nacional, el presidente que saliera apoyado por la mayoría de todos los españoles, dudaría en defender la integridad territorial de España?
España es prisionera política del Régimen del 78, y ninguno de los errores que nos han traído hasta aquí van a ser rectificados por él. Esto lo saben los que crean y manejan los resortes profundos del poder. Gregory Bateson, un célebre antropólogo británico que trabajó en la Segunda Guerra Mundial para la Inteligencia militar estadounidense diseñando la denominada “propaganda negra” y quien introdujo el término antropológico cismogénesis, hace una ilustrativa afirmación en Comunicación: La mátrix social de la psiquiatría, libro que escribió conjuntamente con el psiquiatra Jurgen Ruesch:
Cualquier asociación u organización se ajustará más o menos a los modelos de organización proporcionados por el sistema político de un país determinado. (…)Ninguna idea, ya sea que se derive del pensamiento religioso, social o individual, puede escapar de la explotación política si se da a conocer. Siempre habrá alguien que utilizará tal idea en el avance de su búsqueda de poder.
El destino de Ceuta será el destino de España, por eso urge entender que sus peores enemigos son los que defienden el actual sistema de partidos, ya que lo que defienden es un modelo partitocrático y no un modelo democrático con separación de poderes y representación política. Es cierto que la sociedad española reaccionó como era de esperar; necesitaba expresar públicamente su indignación y apoyo a sus compatriotas ceutíes, pero una vez celebradas esas manifestaciones a la espera de ver la misma reacción en sus instituciones políticas (¿la Monarquía?), en sus partidos políticos, esa masiva indignación y apoyo social acaba nuevamente diluida en un ruido de acusaciones mediáticas destinadas a dividir la sociedad (la cismogénesis de Gregory Bateson) de modo que los respectivos agentes políticos afiancen sus futuras posiciones electorales. El sistema partitocrático se encarga de reconducir esa energía social, mediante la incesante propaganda política, para aprovecharla a favor de su propio mantenimiento. Por eso la única solución para el gobernado es la ruptura pacífica, la abstención en las elecciones, unida a la denuncia pública de este sistema oligárquico con la firme determinación de sustituirlo por un sistema verdaderamente democrático.
Como he dicho, todo esto lo saben los distintos actores internacionales, quienes saben pulsar los resortes mediáticos y de influencia institucional para dirigir a nuestra Nación a una progresiva fragmentación territorial, cuyos costes económicos, sociales y culturales son imprevisibles.
Efectivamente, la invasión de decenas de miles de hombres de nuestro territorio lleva una enorme carga de política internacional. Conviene tener presente que esta dejación de funciones defensivas de nuestra integridad territorial está relacionada directamente con los intereses políticos y económicos de otros estados. Parece evidente que Ceuta ha sido la primera en recibir la mayor invasión porque los profundos cambios geopolíticos que se vienen produciendo en la actualidad la han convertido en un objetivo estratégico prioritario para las grandes potencias. Por ejemplo, el pasado uno de agosto, la revista Executive Intelligence Review publicó un interesantísimo artículo del analista Dennis Small en el que haciéndose eco de dos artículos publicados en marzo por The Economist, hacía referencia a la importancia del comercio marítimo mundial, el cual se estima que representa un 85% de todo el volumen del comercio mundial y el 55% por su valor económico total, y asimismo destacaba la importancia que tienen para este comercio los pasos marítimos estrechos (major global chokepoints) y su impacto en ese comercio en caso de que fuera cerrado alguno de estos pasos. Pues bien, el profesor Small recoge literalmente de aquellos artículos la siguiente afirmación:
(…) simulamos cómo cambiarían las rutas si se interrumpiera el tránsito por algún punto estratégico. Los resultados son sorprendentes. El cierre del Estrecho de Malaca, a pesar del enorme tráfico que lo atraviesa, solo requeriría un desvío menor. Sin embargo, si se bloqueara el acceso a todos los canales que atraviesan el archipiélago indonesio, quizás por un gobierno que tomara partido en una guerra entre Estados Unidos y China, un gran volumen de tráfico marítimo tendría que desviarse enormemente. Y si Gibraltar se volviera intransitable, una proporción casi igual de grande del tráfico marítimo tendría que desviarse aún más.
Estas son las fuerzas políticas y económicas que están detrás de Marruecos empujando realmente nuestras fronteras españolas, debido a que nuestro sistema de gobierno, por su propia naturaleza oligárquica, se ha vuelto demasiado inestable e imprevisible. Y no nos engañemos, estamos solos, no habrá ningún país aliado que venga a defender un statu quo internacional que ni tan siquiera nuestras instituciones están dispuestas a defender.
La Nación española ha sido llamada al implacable juicio de la historia, y la única defensa de la integridad territorial de España pasa por conquistar primero la Libertad política colectiva de nuestro país, de lo contrario, toda nuestra energía como nación estará dirigida por el humillante cálculo electoral de esta oligarquía de partidos.
Sobre el autor
Emilio José Triviño Triviño, es abogado y ha colaborado como articulista en distintos medios digitales entre ellos en el blog Acción Democrática Abstencionaria, firmando sus artículos con el pseudónimo de Cincinnatus. En el año 2020 creó un canal en Youtube junto a Alberto Iturralde y Alejandro Villalba con el nombre Camino a la libertad. El tema central de sus artículos y sus programas es la libertad política.




Tenemos claro entonces que las ínfulas morocanas están respaldadas e impelidas por los intereses de otra potencia mayor sin la cual no movería ni una babucha contra España. Esa potencia no hace nada distinto a lo que forzó en la ocupación del Sáhara Español, que se encabezó con la bandera de barras y estrellas. Pero lo necesario ahora es ver actuar entre bambalinas esa otra bandera con otra estrella. La de 6 puntas, 6. Siempre contra nosotros, siempre desde las sombras.