Probablemente no sorprenda a la mayoría de los lectores que el New York Times se haya transformado en un medio de comunicación parcial, que parece más preocupado por promover narrativas específicas que por informar sobre hechos. Hace un año y medio, el ex editor del Times, James Bennet, describió su antiguo periódico de esta manera : «El Times se está convirtiendo en la publicación a través de la cual la élite progresista estadounidense se habla a sí misma sobre unos Estados Unidos que en realidad no existen».
Y en ningún otro aspecto se ha alejado la información del Times de una realidad inexistente como en la cobertura de la pandemia de COVID, concretamente en los intentos de sus redactores científicos de minimizar y desestimar la creciente evidencia de que fueron científicos los que probablemente iniciaron la pandemia en un laboratorio de Wuhan financiado por Tony Fauci. Y uno de los fabuladores más destacados del Times es su redactor científico, Carl Zimmer.
En su último trabajo, Zimmer desenterró un estudio ciertamente cuestionable e informó con entusiasmo: «Los investigadores sostienen en un nuevo artículo que la pandemia de COVID comenzó, como cualquier otra anterior, en el mercado de animales salvajes».
Pero el artículo que Zimmer ha promocionado se ve desvirtuado por otro estudio ya publicado por investigadores del Instituto de Virología de Wuhan (WIV). En dicho estudio, los científicos del WIV informan de que han recolectado virus, desde casi 2006, en la región donde los investigadores citados por Zimmer alegan que la pandemia comenzó en 2019; los antedichos científicos afirman haberlos traído de vuelta a Wuhan para su investigación.
El artículo que Zimmer difundió por internet fue publicado en la revista Cell por virólogos que ya han hecho varias afirmaciones falsas a lo largo de la pandemia: Jonathan Pekar, de la Universidad de California en San Diego, y Michael Worobey, de la Universidad de Arizona.
Lo que Pekar y Worobey hicieron fue analizar las secuencias genéticas de virus recolectados de murciélagos Rhinolophus en diversas partes de China y Laos. Los murciélagos Rhinopolus son portadores de coronavirus, como el virus de la COVID-19, llamado SARS-CoV-2. Posteriormente, Pekar y Worobey compararon esas secuencias virales con las del SARS-CoV-2. Mediante cálculos matemáticos complejos para estimar la evolución del virus, los investigadores concluyeron : «Los ancestros más cercanos inferidos del SARS-CoV-2 probablemente circularon en Yunnan, China, o en el norte de Laos, superponiéndose con paisajes kársticos y cavernosos contiguos que se extienden por estas regiones».
Aquí hay un gráfico que Pekar y Worobey proporcionan en el artículo. Los ancestros del SARS-CoV-2, o virus de la COVID-19, están en rosa. Se puede ver una flecha que apunta desde esta región de Yunnan, China, y el norte de Laos hasta Wuhan, a cientos de kilómetros de distancia.
Pero he aquí el problema. El artículo de Pekar y Worobey no nos dice gran cosa, ya que investigadores del Instituto de Virología de Wuhan publicaron un artículo en la revista Viruses en 2021 que revelaba que habían estado recolectando virus de Yunnan (China) y el norte de Laos y llevándolos a Wuhan para su estudio. O, como escriben los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan: «Nuestras muestras archivadas, recolectadas durante 10 años en 25 provincias de China y una provincia de Laos».
En el artículo, los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan (WIV) afirman que su colección contiene virus recolectados de murciélagos Rhinopholus, la especie portadora de coronavirus como, por ejemplo, el SARS-CoV-2. Los virus provienen de las provincias chinas de Yunnan, Guangxi y Hainan, así como de la provincia de Louang Namtha en Laos (al norte del país).
Aquí pueden ver el gráfico del propio Instituto de Virología de Wuhan (WIV) que muestra dónde recolectaron virus de murciélagos que luego trajeron a Wuhan para su estudio. Dibujé una línea azul junto a las muestras de murciélagos Rhinopholus que el WIV incluye en su colección de archivo.
En resumen, los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan (WIV) han estado recolectando virus del SARS de murciélagos Rhinopholus desde aproximadamente 2006 y llevándolos al Instituto de Virología de Wuhan para su investigación. Además, recolectaron virus de la misma región que Pekar y Worobey citan como el lugar de origen del SARS-CoV-2, o virus de la COVID-19.
¿Pero explicó Zimmer esto a sus lectores del New York Times? ¡No! Esto es lo que Zimmer escribió basándose en este extraño estudio en Cell :
“El Dr. Pekar y sus colegas argumentan que un coronavirus saltó de los murciélagos a otros mamíferos salvajes en el suroeste de China. En poco tiempo, los comerciantes de fauna silvestre llevaron a los animales infectados cientos de kilómetros hasta los mercados urbanos, y el virus causó estragos en los humanos.”
“ – Cuando se venden animales silvestres en el corazón de las ciudades, se produce una pandemia de vez en cuando – dijo Michael Worobey, biólogo evolutivo de la Universidad de Arizona y autor del nuevo estudio.”
Por supuesto, esta es una posibilidad. Otra posibilidad es que los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan estuvieran experimentando con un coronavirus que recolectaron hace mucho tiempo en Yunnan o el norte de Laos y algo saliese mal, algo así como un accidente de laboratorio. Sabemos que los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan han tenido esos virus en su colección durante muchísimos años, porque informaron sobre esto en su artículo de 2021.
“El Times tardó en comunicar a sus lectores (…) que Trump podría tener razón al afirmar que el COVID provenía de un laboratorio chino”, escribió el ex editor del Times, Bennet, en su ensayo para The Economist .
Lamentablemente, poco ha cambiado desde que Bennet abordó estos problemas hace un año y medio. Escritores científicos como Zimmer siguen centrados en promover la narrativa en detrimento de los hechos para engañar a los lectores y al público estadounidense.
NOTA: El artículo de Pekar y Worobey en Cell fue financiado por contribuyentes estadounidenses mediante subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud. Véase la sección de agradecimientos del artículo, resaltada en rojo.
(Publicado desde el Substack del autor con su permiso)
Sobre el autor
Paul D. Thacker. Periodista de investigación; ex investigador del Senado de los Estados Unidos; ex miembro del Centro de Ética Safra, Universidad de Harvard










