Establecer argumentos de tipo contrafactual puede ser un ejercicio intelectual muy valioso. Hacerlo nos ayuda a recordar algo que nuestro actual sistema mediático quiere desesperadamente que olvidemos: que siempre hay alternativas a lo que la gente que lo conforma nos vende como El Único Camino Realista a Seguir ™.
Articular lo que hubiera podido ser nos ayuda a recuperar y estimular la imaginación moral e intelectual, cosa que cabe cultivar si queremos poder resistir a las muchas tiranías incipientes en nuestro alrededor. Si los poderes oligarcas logran matar nuestra capacidad de imaginar formas más dignas de actuar, que ofrecen soluciones reales para nuestros problemas comunes, se acabó el juego… pues esto significará que tienen un control casi total de ellos sobre nuestras vidas.
Es en ese espíritu de “resistencia íntima” que presento esta versión de la documentación que habría acompañado la distribución de las vacunas al comienzo de 2021 si las agencias gubernamentales encargadas de proteger nuestra salud nos vieran como algo más que cobayas destinadas a satisfacer los objetivos experimentales y las fantasías de dominación de las grandes farmacéuticas y el estado profundo.
El Anuncio Pretendidamente Honesto
Durante el último año, el virus SARS-CoV-2 ha causado numerosas hospitalizaciones y varias muertes en EEUU. Si bien la cantidad de hospitalizaciones y muertes por Covid en la prensa a menudo se nos presenta como muy grande, la verdad es que nadie está muy seguro de cual es número real debido a: A) la gran inexactitud (hacia la proliferación falso positivos) de las pruebas PCR utilizadas para diagnosticar la presencia de Covid en los individuos; y B) la decisión de los CDC de no distinguir claramente entre los que fueron hospitalizados o murieron como resultado directo del virus, y aquellos para quienes el virus fue un factor auxiliar dentro un cuadro más amplio y complejo de comorbilidades.
También es importante tener en cuenta que, a pesar de todas las comparaciones hechas en los medios con pandemias anteriores, como por ejemplo la gripe española de 1918, que se estima que se cobró hasta 50 millones de víctimas en todo el mundo provenientes de un abanico muy amplio de edades, el SARS-CoV-2 ha tenido un impacto bastante leve, con una tasa de letalidad por infección muy cercana a la de la gripe anual, y un gradiente de edad para enfermedades graves y para muertos que se inclina abrumadoramente hacia los ancianos y/o aquellos que ya luchan contra múltiples enfermedades.
Pero cada enfermedad grave o muerte es una tragedia para la familia afectada. Es por eso que nos complace ofrecer ahora al público estadounidense tres nuevas vacunas experimentales, lanzadas al mercado en un calendario extremadamente acelerado como parte del esfuerzo de la Operación Warp Speed iniciada por el presidente Trump en 2020.
Los resultados de los ensayos iniciales sugieren que estos nuevos medicamentos podrían ayudar a reducir las tasas de enfermedades graves y las muertes entre las personas más propensas—los ya mencionados ancianos y las personas con múltiples comorbilidades—a ser afectadas negativamente por el virus SARS-CoV-2. Sin embargo, debemos subrayar que, dado que esos ensayos fueron dramáticamente más cortos que los que normalmente exigen las normas federales, y que también excluyeron los ensayos sobre animales que normalmente se realizan para medir tanto la efectividad como los posibles efectos secundarios de los nuevos medicamentos, no podemos dar ninguna garantía sólida acerca de sus cualidades las inyecciones en estos dos ámbitos cruciales.
Hechos para tener en cuenta:
1. Estas vacunas se ponen a disposición del público en este momento bajo lo que se llama una Autorización para Uso en Emergencias (EUA en inglés), una calificación de calidad y de seguridad que está considerablemente por debajo de la de “Aprobación” debido al drástico acortamiento del proceso de pruebas mencionado anteriormente. Por lo tanto, cualquier afirmación de que las vacunas son “seguras y eficaces” no debe comprenderse como un hecho, sino más bien como una aspiración de los que lo dicen. Sólo podremos llegar a conclusiones definitivas sobre su eficacia y seguridad dentro de varios años cuando se complete el ciclo completo de ensayos y/o cuando las agencias gubernamentales hayan cotejado y analizado rigurosamente los resultados del uso experimental generalizado entre el público que se está iniciando en este momento.
2. Según las normas federales que rigen la distribución de productos EUA, los ciudadanos tienen “la opción de aceptar o rechazar la administración del producto” y preguntar sobre “las alternativas al producto que están disponibles y también sus beneficios y riesgos”. Además, la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC en inglés) ha dejado en claro que, según la Ley para los Discapacitados (ADA en inglés), la Ley de Rehabilitación y otras leyes relevantes a la persecución de la igualdad en el mercado laboral, las empresas no pueden ofrecer incentivos para la aceptación de la vacuna que sean de algún modo coercitivos.
3. Estas normas del gobierno de EE.UU. se basan en la estructuras del derecho internacional surgidas de los Principios de Nuremberg—articulados a raíz del descubrimiento de las experimentaciones sobre sujetos humanos llevados a cabo por los médicos nazis—que establecieron que en el ámbito del tratamiento médico, el "consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente esencial". Como signatario los Principios de Nuremberg, el gobierno de los Estados Unidos y todos sus ciudadanos están legalmente obligados a seguir principios establecidos en este código del derecho internacional
4. El gobierno de los Estados Unidos les ha otorgado a las tres compañías farmacéuticas productoras de dichas vacunas una inmunidad total de responsabilidad por cualquier daño que puedan causarles a quienes las toman. Por lo tanto, si estas vacunas experimentales dañan de alguna manera su salud, o la salud de un miembro de su familia, tendrá muy poco o ningún recurso legal para obtener una compensación por daños.
5. El atractivo tradicional de las vacunas para los que dirigen las políticas de salud pública radica en su capacidad para convertir a la persona vacunada en un "punto muerto" para el virus. Se dice que las vacunas que tienen la capacidad de detener la cadena de infección y transmisión de esta manera ofrecen la "inmunidad esterilizante" a los que los reciben. Si bien algunos científicos han expresado la esperanza de que al reducir las cargas virales en los cuerpos de las personas inyectadas con las vacunas la cadena de infección y la transmisión podrían atenuarse, no hay nada en los datos clínicos actualmente disponibles que corrobore esta idea. De hecho, en los resúmenes de datos clínicos entregados al gobierno por las tres empresas farmacéuticas con el fin de conseguir sus respectivas EUA, las empresas (Pfizer p.53, Moderna p.48 y Janssen p.55) constatan que no tiene a su alcance información suficiente para decir nada definitiva al respecto.
6. Dado que las vacunas no se han mostrado demostrado como capaces de detener la infección y la transmisión, el argumento de que uno debe vacunarse para promover el bien público tiene no tiene ninguna validez. Así que la decisión de tomar una de ellas debe verse como una decisión puramente personal.
7. Como se ha mencionado anteriormente, el único ámbito en que las vacunas experimentales parecen haber demostrado cierta eficacia es en la limitación de las enfermedades graves y la muerte entre el número relativamente pequeño de personas. Sin embargo, este aparente éxito tiene que verse frente al hecho que en al menos uno de los ensayos, la mortalidad general fue mayor en el grupo vacunado que en el grupo de control. Además, en los documentos de EUA presentados por la FDA sobre la base de la información que les proporcionaron las empresas farmacéuticas (mencionados en la sección 6 arriba) demuestran que ninguna de las empresas estaba dispuesta a sugerir que la capacidad de las vacunas para reducir la enfermedad grave y la muerte podría durar más de dos meses.
8. Las tasas de efectividad de la vacuna que circulan actualmente en los medios de comunicación (por ejemplo, la tan repetida 95 por ciento atribuido a la vacuna de Pfizer) no se refieren, como mucha gente parece suponer, de ninguna manera al nivel de protección general que recibe una persona contra la infección o la transmisión del virus. Como hemos visto, las compañías han admitido que no había suficiente información clínica para hacer afirmaciones en estas áreas esenciales de interés público. Entonces, ¿a qué se refieren? Al hablar de la efectividad de las vacunas, podemos expresarla de dos maneras principales. La primera es en términos de Reducción Absoluta del Riesgo (ARR en inglés). Por ejemplo, en el caso de los ensayos de Pfizer, el número de personas que se infectaron en el grupo de control (no vacunados) era ya increíblemente bajo, del 0,88 por ciento (162 de un total de 18.325 personas). En el grupo vacunado, el número de los que se infectaron fue del 0,04 por ciento (8 de un total de 18.198). Cuando calculamos la diferencia entre los dos resultados como un porcentaje, obtenemos un ARR de 0,84 por ciento. Es decir, que uno tiene un 0,84 por ciento menos probabilidad de desarrollar Covid si recibe la inyección. Y ese "beneficio" solo se mantiene, según las estadísticas proporcionadas por Pfizer, durante los primeros siete días después de la inyección. ¿De dónde viene, entonces, la famosa afirmación las vacunas tienen un nivel de efectividad de 95 por ciento? Esa es la efectividad de la vacuna expresada en términos de la Reducción del Riesgo Relativo (RRR en inglés); es decir, la diferencia entre 0,84 por ciento y 0,04 por ciento expresada, a su vez como porcentaje. No creemos que esto lo que la mayoría de las personas en el público entiendan cuando escuchan el mantra de que las vacunas actuales tienen una efectividad del 95 por ciento.
Resumen: Nos complace que estas vacunas se hayan puesto a disposición del público, ya que podrían resultar beneficiosas para personas con perfiles de salud que les hacen especialmente vulnerables a la posibilidad de desarrollar enfermedad grave o la muerte como resultado de ser infectado por el virus SARS-CoV-2. Sin embargo, es importante subrayar que estas vacunas son experimentales y que nadie entiende ni su verdadera eficacia ni el conjunto de efectos secundarios que podrían inducir. Y es importante recordar que en caso de que el vacunado desarrolle efectos secundarios graves como resultado de la vacunación se encontrará sin recurso legal frente a los fabricantes de las inyecciones.
Además, como nos indicaron los ensayos clínicos abreviados, no se trata de vacunas esterilizantes y, por lo tanto, nadie puede ni debe ser obligado a tomarlas en nombre del "bien público". E incluso si se demostrara que tienen la capacidad detener la infección y la transmisión, las regulaciones del gobierno de EE. UU. y el derecho internacional prohíben claramente coaccionar a un ciudadano individual para que las tome. Le deseamos la mejor de las suertes en tomar su propia decisión sobre los medicamentos que elige poner en su cuerpo en este momento difícil en la historia de nuestra nación.
Sobre el autor
Thomas Harrington es catedrático emérito de Estudios Hispánicos en Trinity College en Hartford, Connecticut en los EE.U.U, así como Senior Brownstone Scholar, Brownstone Fellow y co-fundador de Brownstone España. Es autor de cinco libros, siendo el último de ellos The Treason of the Experts: Covid and the Credentialed Class (2023). Varios de sus artículos de prensa y una muestra de su fotografía se encuentran en Words in The Pursuit of Light. Se puede acceder a una selección de sus trabajos académicos en https://trincoll.academia.edu/tharrington





Estimado Vaxless
Este artículo es contrafactual, y es en este sentido una obra “imaginativa” que está ubicada “literariamente” en un momento dado de la historia: el periodo entre diciembre de 2020 y enero de 2021 cuando el gobierno de los EEUU puso las “vacunas” a la disposición de la ciudadanía. Así que el propósito del artículo no es hablar de todos los multiples males de las llamadas “vacunas” sino demostrar la enorme deshonestidad de la campaña del gobierno de los EEUU de promoverlas en un momento particular de la historia. Yo, como muchos otros sería perfectamente capaz de escribir un artículo extenso sobre las muertes y los horribles daños provocados por las “vacunas” en los meses después del periodo tratado en este texto. Pero sería otro artículo con un enfoque distinto. El propósito de este artículo, como ya decía, era nada más y nada menos lo de destacar el nivel criminal del engaño practicado ejercido por el gobierno a la hora de promover las “vacunas” como “seguras y eficaces” en el momento de su estreno en el mercado al final de 2020 y el comienzo de 2021.
No creo que en todos los artículos haya que profundizar en todos los aspectos. El hecho de no hablar de algo concreto en un artículo no implica que ese algo concreto no resulte de importancia al autor del artículo. A cualquier artículo sobre este asunto le puede faltar esto o aquello (siempre a juicio suyo), y por tanto sospechoso para usted.